Editorial 305:
Nos duele aunque no seamos de aquí


11/10/2017

Si bien los contenidos de nuestro periódico apuntan a temas de inmigración, desde luego que los nuevos ciudadanos, miles de ellos llegados hace años a este país tienen su propia opinión respecto de lo que sucede en Catalunya.

Y es que aunque parezca inverosímil, a pesar de que varias generaciones están plenamente integradas en este país con DNI incluido, la mayoría prefiere opinar de puertas para adentro. Pocos se quieren “mojar”. Coinciden en que es un tema muy delicado en el que lo más lógico sería que este nudo lo desenreden los propios españoles y catalanes, de acuerdo a lo que decidan los renombrados políticos de turno.

De todas maneras a pie de calle, sin tener una muestra objetiva sobre un resultado final de un todo, ni mucho menos pretender ejercer de encuestadores, la sensación que nos deja hablando con líderes conocidos, que nos insisten en su neutralidad y ninguna cercanía a ninguna corriente ideológica, les preocupa seriamente lo que sucede en España. Personalmente comparto la posición en la que coinciden dentro de un mismo contexto. La incertidumbre social con brotes de violencia y que describen unas experiencias vividas en los países de origen en carne propia antes de emigrar a España, un país próspero, repleto de oportunidades.

Esa realidad precisamente está marcada en un retroceso en el tiempo, el espejo de lo que allí vivieron. La inmensa mayoría, ha emigrado huyendo de la violencia, de la inseguridad, de las guerras, de las extorsiones, de los secuestros, de las bombas y de los crímenes del narcotráfico en el caso de Colombia, de la falta de oportunidades de trabajo, de vidas marcadas por la injusticia social y de la corrupción en la que la clase dirigente política ha jugado un papel trascendental en la sociedad latinoamericana.
Cada país tiene sus propios problemas, no se podría comparar los conflictos sociales y las identidades culturales de unos lugares geográficos con otros, pero como nuevos ciudadanos lo que menos nos gustaría es que este problema social cobre graves matices. Para muchos de nosotros sería retroceder en el tiempo, el recuerdo apunta al mismo momento en que centenares de emigrantes optaron por buscar una vida nueva, alejados de tanta contaminación social de los países de origen, en nuestro caso, en la mayoría de Latinoamérica, en donde los políticos de todas las corrientes se han cargado el Estado de bienestar, al fin y al cabo es un deporte nacional de nunca acabar.

Las imágenes violentas de estos días, no solamente las físicas, sino los ataques verbales de afines a la independencia de Catalunya y de los partidarios de la unidad de España, son de alerta máxima. Personalmente me parece estar viviendo treinta años atrás, es decir, el de una crispación por la falta de entendimiento entre los políticos. Como decía un ruso que ya vivió las desgracias de la violencia en su país, y cuyo video se hizo viral en las redes: “dentro de poco llegará la guerra, y de seguir así, si queréis armas, tendréis armas”, visto lo visto, no está lejos de la verdad.

Personalmente no me cabe la menor duda que los gobernantes – sean del partido que sean- están empujando a la ciudadanía al precipicio. Los dueños del poder agitadores de masas con intereses partidistas y personales- de eso estoy convencido- no pierden un segundo en seguir adoctrinando con discursos populistas, mientras la gente se lanza a las calles a pelearse absurdamente. A España le falta la irrupción de un movimiento con convicciones que haga despertar del letargo a miles de ciudadanos, que defienda sus propios intereses, gente con valores y capacidad de respetar las ideas de los demás sin necesidad de caer en vulgares agresiones físicas y verbales.

En mi caso, muy agradecido con esta nación, al igual que centenares de inmigrantes que les duele este país como si fuera el suyo. Aquí han nacido nuestros hijos, y no podemos pasar de algo que roza lo irracional.



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