Editorial 319: Después de dos años, “aquí no ha pasado nada”

11/05/2018

Soy uno de los fieles convencidos de que sobre la faz de la tierra predomina el bien sobre el mal. A pesar de convivir con noticias trágicas y de pertenecer a un mundo en el que los seres egoístas, acaparadores de poder y codiciosos pretenden imponer su ley, también abundan los buenazos, e incluso, proliferan los ingenuos y tolerantes que por evitar enfrentamientos y problemas están dispuestos a pasar página ante las injusticias. 

En esta edición hago una reflexión sobre la situación que refleja el pensamiento de unas personas que literalmente fueron estafadas en el 2016 por dos razones. Ambas son similares porque los estafados están resignados a tirar la toalla y, aunque cueste creer, algunos se lo toman hasta con humor.

Los unos son los responsables de una empresa de paquetería a Ecuador, OGC, que robaron no solamente dinero de envíos de unos contenedores que guardaban artículos con importantes valores comerciales y pertenencias con recuerdos, cuyo valor moral no tienen precio. 

Triste escuchar la historia de la abuela que no pudo enviarle el futbolín a su nieto a Ecuador por culpa de estos desaprensivos. 

Duele escuchar la historia de la otra mujer que envió a través de esta empresa fantasma unos electrodomésticos que con esfuerzo y sacrificio había comprado en Conforama. Incluso llegando a endeudarse para poder darle gusto a su familia en Ecuador. 

Tres mil euros que la señora perdió por culpa de unas personas que tendrían que estar toda su vida encerradas en una prisión. Han transcurrido dos años y el daño no ha sido resarcido. Sin embargo llama la atención ver sus expresiones en el rostro en el momento de recordar tan amargas experiencias. No se les ve un ápice de maldad, de odio o de rencor. ¡Chapó!

Idénticamente pienso sobre lo ocurrido en el nunca realizado concierto del bachatero Romeo Santos en Mallorca. Definitivamente la mayoría de los humanos están para aguantar palos, levantarse y seguir andando. 
La vida continúa y hay que ponerle buena cara al mal tiempo. En el artículo en el que hacemos referencia al caso de la organización del recital del bachatero, nuestra intención en ningún momento es ejercer el papel de policías, jueces o fiscales.

Simplemente el objeto del periodismo debe ser social por encima del postureo o de la figuración personal. Lo único que me interesa humana y profesionalmente, más allá de quién o quiénes sean los culpables de una estafa - entiéndase por apropiarse indebidamente de algo que no le pertenece actuando de mala fe - es que exista una reparación del daño causado si hubiesen los mecanismos jurídicos rápidos y efectivos para lograrlo.

No faltarán los que se rían por creer en cuentos de hadas, pero a quienes trabajamos en un medio de comunicación el silencio y el pasotismo nos convierten en cómplices de las injusticias, de la desvergüenza y de los propios delincuentes que van por la vida arrasando a quien se le cruza en su camino.

Por este mismo motivo cuando les hablo mirando a la cara a estas personas deduzco que lo único malo que han hecho es confiar en unas empresas, a cuyos responsables les importa un rábano lo que han hecho, y seguramente seguirán haciendo mal. Resumiendo toda esta parafernalia, simplemente no me conformo ni me resigno a ser uno más del sistema del “aquí no ha pasado nada”.



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