Editorial 324: Imponer reglas para evitar problemas

11/05/2018

He estado leyendo el caso de un salsero que no se presentó el viernes 13 de julio en el tan anunciado Festival de la Salsa escenificado en una sala de fiestas a las afueras de Palma. Y es que definitivamente es una historia de nunca acabar.

No soy quien tiene la última palabra, pero ya son bastantes los artículos de prensa que he escrito en estos últimos años sobre el incumplimiento a los asistentes, por lo general, siempre por impagos a los artistas que se van a presentar. El desenlace siempre es el mismo. El cantante con su grupo no sube a la tarima y el público, es decir el consumidor final, a quejarse al muro de las lamentaciones del Facebook y a pedir que les devuelvan el dinero.

Creo que la experiencia de Romeo Santos ha sido la gota que colmó el vaso para el público de Mallorca, y de paso para los puntos de venta y los promotores, y a veces para los colados que en un afán de protagonismo se meten en líos innecesarios. Y al final del todo, son los que viven en Mallorca los que se tienen que aguantar el chaparrón y dedicarse a solucionar marrones ajenos.

Algunos han aprendido la lección y se han vuelto exigentes para ser puntos de venta, algo que me parece muy bien. Con nombres propios, Juan Carlos Montoya, propietario de Serviexpress, no entrega dinero de entradas a los promotores u organizadores de giras hasta que el evento se realice, ya tuvo y sigue teniendo disgustos con la desagradable experiencia del nunca realizado concierto del Rey de la Bachata.

Es hora de que los promotores o intermediarios en Palma, a quienes conozco en su mayoría por tener buena fe, impongan estrictas condiciones a la hora de asumir la responsabilidad de promover un espectáculo cuando alguien de la península o del extranjero contrata sus servicios o les vende un artista.

El sábado 24 de julio las redes sociales ardían por la no presentación del emblemático salsero Charlie Aponte por impago. Este caso denunciado por el propio promotor de Mallorca, Óscar García trajo más de un disgusto.  

Y es que el problema luego les rebota a los promotores residentes en Mallorca que son los que ponen la cara, y al final arriesgan su prestigio. Personalmente, no creo que resulte para ellos  gratificante exponer su reputación donde viven, mientras quienes los contratan toman el primer avión que encuentran dejándoles un marrón imposible de solucionar. 

Desafortunadamente lo malo es lo que queda en la retina, y de lo bueno, me refiero a los exitosos conciertos anteriores organizados por Óscar o cualquier otro promotor conocido, nada se comenta.

Conozco la trayectoria de Óscar García y los conciertos que ha organizado en Mallorca y nunca al periódico le ha llegado queja alguna, pero reitero, es hora que él y quienes se dedican a comprar u organizar presentaciones impongan sus propias reglas, de lo contrario, es mejor no hacer nada.

Por conocimiento de causa, la experiencia que he tenido en el momento de organizar conciertos con el periódico, apunta a que los de “afuera” no tienen ningún tipo de concesión o consideración de nuestra insularidad, se paga lo mismo por la presentación de un artista en Madrid que en Mallorca.

La recomendación más sana es que en el caso de que a alguien con experiencia en el mundo de la noche o del espectáculo lo busquen para encargarse de la logística de un concierto, siempre debe asegurarse de todos los detalles. Ni más, ni menos, los artistas deben estar pagados en el momento que desembarcan en el aeropuerto de Son Sant Joan. Muchas veces con el transcurrir de la gira, las relaciones entre el artista y la empresa contratante se deterioran y el que paga los platos rotos es el promotor de una ciudad o quien se encarga de organizar el concierto. ¡Soldado advertido no muere en guerra!.



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