Editorial 349: Nada cambiará, mientras haya miseria en otros lugares

16/08/2019

Muy pocas cosas nuevas que agregar sobre el problema humanitario de los inmigrantes a bordo del barco de la ONG, Open Arms. Desde los primeros días de nacimiento de este periódico he dejado muy clara mi posición.

No es un razonamiento progresista, buenista, sentimental o de pretender convertirme en el Robin Hood de la humanidad. Lo digo por quienes se van lastre en ristre en contra de la inmigración ilegal, sea en Europa o en Estados Unidos, no, es simplemente cuestión de entender, tocar un poco de mundo, de haber viajado algo y de por lo menos mínimamente estudiar los eternos conflictos sin resolver de los países de origen, es decir, de la otra media humanidad podrida de injusticia social, harta de violaciones de derechos humanos, cuyo instinto de supervivencia les obliga a enfrentarse a misiones peligrosas, miles de personas hastiadas de tocar los umbrales de la pobreza absoluta.

Con estos problemas pueden poner a miles de Trump, Salvinis o Le Pen, o quienes renieguen en contra de la inmigración ilegal y la cosa seguirá intacta. Nada importará si construyen miles de muros como los que pretende levantar el mandatario estadounidense en la frontera con México.

El asunto seguirá así y a la gente que está jodida y hasta las narices de aguantar miseria en sus países de origen, nada, ni nadie les persuadirá de no arriesgar sus vidas por un mundo mejor, para cómo viven actualmente, igual les da morir en el intento, la gloria sería llegar a otro mejor mundo, nada que perder, pero sí mucho que ganar.

Y que la inmigración irregular muchas veces trae consigo pobreza, inseguridad y exclusión social, sí claro, el riesgo está latente y seguirá acechando, pero eso es imposible de cambiar mientras persistan las desigualdades abismales en África y en la mayoría de los países latinoamericanos.

Las mafias de traficantes de inmigrantes siempre han existido en todo el planeta, no solo en el continente negro, en Centroamérica pasando por USA, estas organizaciones criminales siempre han estado a la orden del día.

Remontándome veinte años atrás en el tiempo, cuando viví en Estados Unidos. Concretamente en New York, tuve la oportunidad de cubrir cualquier cantidad de noticias sobre inmigración irregular, gente que atravesaba el hueco desde Centroamérica por México, algunos coronaban el destino y otros se quedaban tan solo en el intento.

No es nada nuevo lo que estoy viendo en relación a hace dos décadas atrás, me remito a la expresión popular, el mismo perro con diferente collar (refiriéndome al contexto del problema). ¿De qué nos aterramos en Europa?, si siempre ha sido la constante, ahora la diferencia es que hay barcos con insignias de ONGS cuya misión es la de salvar vidas, aunque algunas personas insistan en que son subvencionados para que sus directivos ganen pasta.

En ambos casos es como estar en la misma situación, pero con diferentes protagonistas, en definitiva, por mucho que critiquen, se suban por las paredes con la llegada de pateras o que nos digan a los que entendemos de otra manera el problema “acógelos en tu casa”, la cosa seguirá siendo igual.

Apelar al sentido común es la mejor opción, mientras el hambre, la miseria, la corrupción, la falta de oportunidades, y peor aún, las guerras y los desplazamientos sigan en aumento en media humanidad la tendencia del desplazamiento será la misma, nadie puede rasgarse las vestiduras, es luchar contra la corriente, esa misma corriente de aguas que ha segado miles de vidas en el mediterráneo que simplemente claman a gritos un mundo decente para ellos y sus familias.



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