EDITORIAL | Por Juan Pablo Blanco
Editorial 377: Súmele los PCR a los billetes de avión y otros gastos de viaje

17/11/2020


Por Juan Pablo Blanco

Nos tendremos que ir acostumbrando. El coronavirus no solamente cobrará vidas sino más distanciamiento físico de nuestros países de origen. Sí. Así como lee. Sin exageraciones, simplemente ceñido a una dura realidad que a la vista de todos – mientras no exista la vacuna final- será difícil de afrontar.

Tal y como se avizora el panorama será muy complejo para los inmigrantes de las clases trabajadoras, en su inmensa mayoría, planear un viaje de turismo familiar a sus países de origen. Nos hemos dado a la tarea de consultar con algunos de los consulados de Mallorca que tienen representación para averiguar los requisitos que se necesitan para entrar a varios países.

Si bien es cierto en algunos de ellos no exigen llevar dentro de la maleta de viaje el resultado de un PCR negativo, también es indudable que hay países como Uruguay con el menor índice de contagios de Sudamérica, que exige dos veces el PCR. Uno a la llegada y otro después de la cuarentena. Pero a esto se suma un tercero, por ejemplo para los uruguayos residentes en España, que dicho sea desde este 23 de noviembre exigirá el PCR obligatorio para los viajeros que lleguen de afuera. En total ese viajero uruguayo pasará tres veces por el aro.

Esto en la práctica a ojo de buen cubero podría ascender a la escalofriante cifra de casi 500 euros. No solo Uruguay. Esto se aplica a alguien que vaya a viajar a su país de origen a visitar a su familia. Nada más y nada menos estará sí o sí obligado a incrementar el presupuesto del viaje en PCR. Y para familias numerosas de hasta tres a seis integrantes podríamos hablar de sumas extravagantes. Posiblemente se viajará, pero no con la frecuencia anterior. Escasean los empleos y por consiguiente faltará el dinero para viajar.

Haciendo estas cuentas sumadas a la gran cantidad de personas con unas condiciones laborales rebajadas en sus respectivos puestos de trabajo, será casi una proeza viajar a los países de origen. Podemos asegurar lo mismo en el caso de los residentes españoles y no españoles cuando escojan algún destino vacacional. Está claro que la Seguridad Social realiza los PCR a quienes presenten síntomas de contagio. De ahí en adelante cada uno debe defenderse como pueda, o mejor, echarse la mano al bolsillo para pagar la prueba en un centro o una clínica privada. Este requisito se convertirá en un visado extra que le permita entrar a su propio país. ¿Quién hubiera pensado en este despropósito hace un año?

Por el momento es un detalle minúsculo al que poca incidencia se le ha dado, sin embargo, a medida que nos acostumbremos a la nueva normalidad de desplazamientos de viajes lo notaremos en mayor medida.

Este bicho sigue haciendo de las suyas en todos los aspectos de la vida cotidiana. Por eso, reitero que la persona que vaya a viajar debe incluir en el presupuesto el dinero del PCR del billete de ida y vuelta. A pesar de que en algunos países no lo exijan siempre seguirá estando latente la posibilidad de que los gobiernos cambien el chip de un momento a otro.

Las cosas del coronavirus pueden ser certeras para hoy, pero inciertas para mañana. Por eso, la tendencia es que mientras el virus no se controle las medidas restrictivas y de prohibición no darán tregua. Las exigencias en los viajes se harán más extensivas hasta el punto de que la persona opte por no recorrer distancias largas, o incluso, tramos cortos. Y es que cuando el bolsillo se toca sumado al drama del desempleo o el temor de perder un puesto de trabajo por ausencia hará que la gente se lo piense más de dos veces para atravesar fronteras.

Lógicamente he hecho énfasis en la inmigración por la temática de nuestro periódico, pero es un asunto que perjudicará a millones de personas de esta geografía universal.



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Editorial 376: La responsabilidad será de todos

30/10/2020


Por Juan Pablo Blanco


¿A quién no le han flaqueado las fuerzas al ver tantos dramas humanos por la pandemia que tiene en jaque mate al mundo?. Confieso que aunque desde hace treinta y dos años me gano la vida ejerciendo el periodismo -comencé desde el primer año de facultad a hacer prácticas- pero con todo y eso es triste y desesperante ver y escuchar desde las 7am solo noticias negativas de muertes por Covid-19, aumento de contagios, quejas de sanitarios infravalorados, llantos de gente desempleada, el clamor de empresarios pidiendo ayuda para mantener su mediano o pequeño negocio, familias desahuciadas de sus viviendas, ancianos resignados a su soledad en las residencias, en fin, si generalmente en un año normal nos levantábamos y acostábamos ahogados en un mar de informaciones angustiosas que invitan al estrés, pues este año quedará para la historia como el de los record Guinness en noticias negativas.

No es darle la espalda a la realidad, renegar de ella o desistir de luchar por enderezar el rumbo de este complejísimo panorama que la vida nos puso de un momento a otro con algo que nadie esperaba. El bicho seguirá haciendo estragos, quién sabe hasta cuándo. Ni los más osados científicos se atreven a hacer sus vaticinios efusivos sobre la desaparición de este enemigo invisible que tiene aterrorizada a la humanidad.

No seré osado en unirme a la frase de millones de personas que están convencidos de que el coronavirus llegó para quedarse. Por lo menos es lo que se está demostrando hasta ahora. Ni las elevadas temperaturas, ni los estudios en las vacunas de las prestigiosas multinacionales, ni los tratamientos más avanzados han demostrado lo contrario.

Desde el sentido común no queda de otra que comenzar a pensar en hacer una reflexión de lo que fue el antes y el después de 2020. La salud hay que cuidarla, nadie lo discute. Aunque reneguemos de algunas órdenes gubernamentales- algunas de ellas dignas de guión de películas de Cantinflas- hay que respetarlas y acatarlas. Y si no lo hacemos, claro lo tenemos. Simplemente es el sistema y hay que cumplirlo y al que no le guste mala suerte.

Sin darnos cuenta la pandemia está sacando los mejores valores de solidaridad de la gente, pero también ha desnudado las debilidades en valores como seres humanos. Cada vez más me siento en una sociedad del sálvese quien pueda. Si hay algo positivo que nos haya dejado este bicho, es que quien pretenda de ahora en adelante ocupar cargos públicos dentro de la política, sabe a lo que se va enfrentar. Con lo que se avecina, ostentar algún puesto político no será tan chupado ni tan relajado como lo era antes.

Posiblemente refleje negativismo, quisiera equivocarme, pero visto lo visto resultará imposible por mucho tiempo quitarnos de en medio esta amenaza. Y mientras sucede, la tendencia será acabar con los confinamientos, las restricciones o prohibiciones. A quienes gobiernan o lo hagan en un futuro no les quedará más alternativa que reinventarse. Por culpa de un bicho posiblemente el rendimiento de cuentas en la política será cada vez más exigente y los ciudadanos serán menos tolerantes.

La tendencia será no parar la economía. Lo que se ha hecho hasta ahora es evitar el colapso del sistema sanitario – por lo menos en España no repetir la tragedia de marzo y abril - pero sin embargo, esta estrategia no aguantará mucho. Todos los países tendrán que blindar sus sistemas de salud y los gobernantes estarán obligados a darle prioridad a lo realmente importante. Hoy ningún político puede decir que el Covid-19 no hace parte de las competencias de su puesto para el que fue designado. Nadie se librará de ninguna responsabilidad y los retos serán extremadamente exigentes a corto plazo. La responsabilidad de avanzar será de todos.



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Editorial 375: Obras son amores y no buenas razones

14/10/2020


Por Juan Pablo Blanco


Con motivo del Día de la Hispanidad leía estos días mensajes en las redes sociales de los partidos políticos que nos gobiernan rechazando el holocausto al que fueron sometidas las comunidades indígenas cuando en 1492 los españoles llegaron a encontrarse con otro mundo. Algunos le llaman conquista, prefiero no ahondar en detalles porque sería asunto para otro artículo de opinión.

Los libros de historia nos hablan de asesinatos, tiranía, saqueos, violaciones, castigos… en fin solo la época es testigo de todas estas narraciones relacionadas a la barbarie humana. Normalmente a los que nacimos en América Latina en las clases de historia nos cuentan lo que cada autor interpreta a su manera y la recopilación de datos para construir los relatos.

Siempre la historia nos ha vendido la figura terrorífica del conquistador torturador y asesino que llegaba a tierras americanas a sembrar el terror en nombre de la Corona y a apoderarse de la riqueza de nuestros pueblos.

No faltan quienes convierten la historia en su propia leyenda. Cada relato se convierte en una versión diferente generando aludes de opiniones de acuerdo a la perspectiva ideológica y a su propia conveniencia.

Hablar de los detalles sobre lo que sucedió hace 528 años es entrar en debates sin fecha de caducidad. Cada uno tiene su propia opinión de lo que la historia nos cuenta.

Sin embargo, en esta época de pandemia me llama poderosamente la atención cómo es que las redes sociales se siguen convirtiendo en zona de confort para algunos políticos que se muestran incapaces de gestionar, también incluye a los que hacen la oposición.

Para todos hay críticas, muchos de ellos dedican párrafos enteros a arreglar la historia sin que hayan logrado mostrar atisbos de capacidad para arreglar los problemas del presente en el mundo de los vivos.

Está bien que algunos quieran solidarizarse por las matanzas de indígenas y marcar el Día de la Hispanidad como una fecha luctuosa. ¡Chapó!, se les aplaude su complicidad con los pueblos americanos. Pero también se les aplaudiría a quienes gobiernan que se pongan las pilas con los temas burocráticos de extranjería que están poniendo contra las cuerdas a cientos de inmigrantes que han perdido sus trabajos por una ineficiente gestión de la Administración, dicho por la propia, Delegada del Gobierno en Baleares, Aina Calvo en la entrevista que le hicimos para esta edición.

Señores políticos apelo a esta sonada frase que siempre me ha gustado: “obras son amores y no buenas razones”. En la práctica significa que el amor verdadero se expresa con acciones y no apenas con palabras, por bien intencionadas que parezcan.

En Baleares por ejemplo es inminente la falta de una dirección general de inmigración, no propiamente para recibir subvenciones, sino para realizar políticas de integración social que buena falta hacen.
Por el otro lado, a los que festejan el Día de la Hispanidad como una emblemática fecha para estrechar los lazos entre España y los países hispanoamericanos también les diría que esos gestos de amor se podrían traducir demostrando empatía con la gente que lo está pasando mal y decide irse de su país para poder darle de comer a su familia.

Nadie emigra por gusto, salvo los que van en plan de turismo, negocios o con intenciones de estudiar. Por lo tanto, los discursos proselitistas desde los que se vende la idea de que los “ilegales” son delincuentes en potencia no tienen ninguna afinidad dentro del contexto de la solidaridad.

El Día de la Hispanidad lo festejo en mi propio mundo con la gente que sin intereses de ideologías me ha abierto las puertas de este país y me ha brindado su sincera amistad.




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Editorial 374: La toma de huellas, un cáncer burocrático

29/09/2020


Por Juan Pablo Blanco


Me hace gracia cuando se afirma que este gobierno prefiere a los de afuera que a los nativos. No falta el día en que salga la típica noticia de que los inmigrantes viven a cuerpo de rey y no pasan penurias de nada.

Y es que la verdad, nadie indistintamente de su procedencia, debería sufrir la angustia de estar mendigando un plato de comida, el acceso a un techo o un trabajo decente para sobrevivir.

Lo que también resulta indigno y sorprendente es que a estas alturas de la vida en la que los avances tecnológicos nos ahorran tiempo y nos simplifican esfuerzos de desplazamientos para agilizar trámites, es que cientos de extranjeros estén mendigando una cita para obtener una tarjeta física de residencia y trabajo que les conceda el derecho a identificarse para sobrevivir decente y dignamente en España.

Lo que está sucediendo para renovar la tarjeta física de residencia y trabajo es de cuarto milenio. Parece mentira que cientos de personas estén expuestas a perder sus trabajos por carecer de este documento. Ya no hablamos de gente que llega en pateras o están irregularmente en este país.

No, para nada. Nos estamos refiriendo a la incompetencia del Gobierno de no responder desde hace dos años a esta problemática y mirar para otro lado. Cientos de trabajadores que han cotizado a la Seguridad Social y pagan sus impuestos en España, a partir de marzo de 2021 estarían en situación administrativa irregular de no poner freno a esta situación.

Recordemos que a quienes se les caducó la tarjeta de residencia y trabajo durante el estado de alarma han tenido un periodo de gracia de seis meses para renovar su documentación. Para muchos de ellos el plazo vence el 21 de diciembre y tendrán otro periodo de tres meses añadidos una vez expiren los términos para obtener su tarjeta física.

En las entidades financieras no aceptan las resoluciones de concesión de renovaciones para identificarse. Incluso, en algunos organismos oficiales tampoco. Por lo tanto, no sería aventurado asegurar que en 2021 nos podríamos ver enfrentados a una irregularidad masiva de inmigrantes sobrevenida de la incompetencia de la administración.

Por enésima vez me muestro incrédulo ante semejante barbaridad en un país del primer mundo, en donde miles de ciudadanos extranjeros no pueden renovar sus papeles por falta de recursos humanos y tecnológicos en las dependencias de la Policía Nacional encargada de este trámite burocrático.

La responsabilidad de esta situación no hay que achacarla a los encargados del área de extranjería de la Policía Nacional. La culpa de que miles de inmigrantes se vayan a enfrentar a una irregularidad masiva se le puede endosar al Gobierno.

No lo afirma quien escribe esta columna. Lo confirman los abogados y gestores administrativos que no entienden por qué la opción de la plataforma virtual no concede citas para que de una vez por todas cientos de inmigrantes desesperados encuentren una fecha para la toma de huellas.

Existe la sensación de que están desgastando y aburriendo a la gente para que claudiquen y regresen a sus países de origen. No cabe en la mente otra explicación. Y lo peor es quienes vivían pregonando igualdad de oportunidades y hablaban de discriminación institucional hoy no se les ve el pelo.

La integración no vive de discursos falaces. La cohesión social se demuestra con políticas de igualdad del trato a los ciudadanos desde las administraciones. Cierto es que existen problemas burocráticos de tramitaciones en los diferentes organismos públicos originados por la pandemia, por ejemplo en la Seguridad Social y en el SEPE.

Pero lo que ocurre con la falta de citas de huellas para renovar los documentos de identificación es inverosímil. Quienes tienen competencias en este asunto reconocen el problema, pero se desentienden de este grave cáncer burocrático que arrastramos desde mucho antes de la pandemia.



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Editorial 373: Incertidumbre por lo que se avecina

10/09/2020


Por Juan Pablo Blanco

Cuando los problemas los tienes cerca de donde vives es cuando realmente te das cuenta de que en cualquier momento pueden llegar a tocar la puerta de tu casa.

En marzo, el gobierno decretaba el estado de alarma por la pandemia del coronavirus que mataba a centenares de personas en casi todo el territorio nacional y dejaba miles de contagios.

Mirábamos atónitos a la distancia la emergencia social y sanitaria que vivían comunidades autónomas como Madrid y Cataluña, las más azotadas por la enfermedad, y otras tantas que día tras día registraban un número alarmante de fallecidos y contagiados por el virus.

Incrédulos nos informábamos por los medios de comunicación de verdaderas tragedias sociales nunca antes recordadas, salvo por aquellos testimonios impresos y grabados heredados de la famosa gripe española que hace poco más de cien años acabó con 50 millones de vidas humanas.

Si bien en Baleares seguíamos, como en el resto de provincias, las órdenes dispuestas por el estado de alarma, cuyo eje central era el confinamiento prácticamente de toda la ciudadanía, también es cierto que los números de contagiados diarios no sobrepasaba los treinta o cuarenta como máximo y las víctimas de esta enfermedad no llegaban a cuantificarse a escalas mayores.

A pesar de la adversidad sanitaria y de las cifras preocupantes de la economía que no invitaban al optimismo, nunca se perdió la fe de que el bicho nos diera una tregua en verano y la economía del turismo compensara las pérdidas por la inactividad empresarial.

Baleares, pese a hacer todos los esfuerzos del caso por repuntar y a realizar la prueba piloto de recibir a los primeros turistas a mediados de junio una vez que se reabrió el aeropuerto Son Sant Joan, se quedó a medio camino por cómo se fue presentando el curso de los acontecimientos.
No fueron suficientes las campañas del Govern, ni la voluntad de todos los sectores empresariales para reactivar la economía.

El Covid 19 arremetió otra vez con más fuerza que nunca en las Islas en pleno agosto, echando por tierra la teoría de que este malévolo bicho en el calor se extinguiría.

Sería exagerado afirmar que estemos viviendo nuestro propio marzo. El número de fallecidos al día de hoy en Baleares es uno de los más bajos de España (265), respecto a los otros territorios.

Lo que sí es evidente es el ostensible aumento de contagios que llegan a superar la cifra diaria de 500. Una coyuntura que pone en alerta roja a un Govern balear que cada día endurece las restricciones para evitar la propagación de la enfermedad.

El verano es cuestión del pasado y nos disponemos a afrontar uno de las más complejas épocas jamás recordadas por el alto impacto del desempleo y la alerta sanitaria a la que nos enfrentamos.

Ojalá que la clase política local gobernante y opositora esté a la altura de las circunstancias, algo casi utópico en estas épocas.

La ciudadanía en estos momentos convulsos, no solamente demanda soluciones, sino un mínimo de respeto por la presente angustia de un futuro plagado de incertidumbres a todos los niveles.

Hoy más que nunca a la ciudadanía poco le interesan las trifulcas en redes sociales o las mediáticas declaraciones altisonantes entre opositores y gobernantes.

La gente necesita soluciones, especialmente en el aparato logístico de la Administración Pública que no atiende con efectividad y en tiempo razonable las diversas demandas y necesidades sociales (Oficinas de Seguridad Social, SEPE, Extranjería).

Preocupa también la evidencia de las redes sociales que dejan al desnudo las falencias de algunos cargos de responsabilidad política que parece que estuvieran levitando sin enterarse de lo que sucede a su alrededor.
Esperemos que el criterio común se imponga y los intereses colectivos de la ciudadanía predominen.

Con la que se avecina hay que saber manejar entre algodones las histerias colectivas y dejar de lado cualquier atisbo de demagogia para no seguir haciendo leña del árbol caído.

Aprovecho estás líneas para enviar un mensaje solidario a quienes atraviesan momentos complicados de salud, a los que han perdido sus puestos de trabajo y a todo el empresariado afectado por el impacto económico de la pandemia.

¡Saldremos adelante!



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Editorial 372: El Coronavirus pone contra las cuerdas a la educación y el deporte

18/08/2020


Por Juan Pablo Blanco


Hago de eco de la preocupación latente de madres y padres de familias con los que he tenido la oportunidad de reunirme en estos días por la inevitable vuelta a las aulas a comienzos de septiembre. Es cierto que nadie tiene la culpa de la pandemia, pero también es evidente la angustia, el miedo, y por qué no decirlo, el terror por lo que pueda deparar el retorno a las clases.

No es cuestión de criticar por criticar, pues siempre trato de ver el lado positivo de las cosas y encontrar la solución. A la clase política que gobierna en los diferentes países le ha tocado enfrentarse no solo a un tsunami sanitario, sino a una emergencia social en todo el sentido de la palabra. No me canso de cuestionar cómo lo hubieran hecho los que destruyen y poco aportan desde la oposición, y no me refiero al caso España, sino a todos los políticos opositores que hacen contrapeso a los gobiernos, algo por cierto muy necesario.

Qué haría la izquierda que está en la oposición en los países de derecha en Latinoamérica, o cómo afrontaría la derecha este enorme marrón en países como España o Argentina, por citar un par de ejemplos. ¿Habría menos muertos?, ¿los contagios hubiesen remitido?, ¿el turismo andaría viento en popa? , muchas preguntas que desde luego nunca tendrán respuesta, hay que hablar de lo real y no de lo utópico.

Sin embargo, volviendo al tema en cuestión, los neófitos gobiernos en temas de coronavirus deben ya comenzar a tomar decisiones razonables, mientras que de alguna u otra manera se encuentra la fórmula mágica para controlar la pandemia en cada país.

En el caso de la educación en Baleares, se deja la sensación de que a escasas semanas para iniciar el nuevo ciclo escolar no hay ni un solo plan de choque y protocolo de actuación de prevención, e instrucciones claras sobre cómo proceder en el caso de que haya un rebrote en las aulas.

El profesorado a la deriva, preguntas sin respuestas y desde luego los padres y madres también pensativos sobre lo que será más conveniente sus hijos e hijas, a pesar de que a última hora la Presidenta del Govern balear, Francina Armengol, manifestaba su postura al respecto: “En España la escolarización es obligatoria”, al buen entendedor pocas palabras.

No obstante, sí que sería necesaria una hoja de ruta que transmitiera algo de tranquilidad, como por ejemplo, contratar profesionales de la salud que monitoreen los centros escolares y personas cualificadas que tengan nociones avanzadas en esta delicada temática.

En tres semanas sabremos cómo avanza la pandemia en las Islas y el nivel de riesgo de enviar a nuestros pequeños y pequeñas a los colegios en función de las decisiones que se adopten. Margen de maniobra ha habido desde que finalizó el estado de alarma hace dos meses, concretamente el 21 de junio.
Lo mismo ocurre con las competiciones deportivas en las que la Real Federación Española de Fútbol le endosó la responsabilidad a las autoridades sanitarias de las respectivas comunidades autónomas.

Algo similar a la educación. A un mes y medio de comenzar las competiciones deportivas las federaciones territoriales y los propios clubes son los que tendrán que asumir los riesgos. Los protocolos que se preparan parecen ser exigentes para el deporte aficionado. Condiciones inasumibles. Nada de extraño tiene que se tome la decisión de iniciar las competiciones deportivas en las Islas en enero. Complejo panorama en la educación y en el deporte, dos ámbitos en los que nuestra juventud tiene especial protagonismo.



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Editorial 371: El arte de saberse levantar luego de un duro traspié

31/07/2020


Por Juan Pablo Blanco


No hay felicidad completa. Pero tampoco me puedo abstraer de sacarme una espina de haber cometido un error el año pasado que le costó al equipo el descenso administrativo tras un despiste involuntario de una alineación indebida que nos devolvió a la segunda regional del fútbol balear.

Por esta misma época -sin pandemia, que era la buena noticia- estábamos condenados a bajar de categoría, a mi criterio, no solo por una equivocación de escritorio, sino por unos malos resultados que al final nos pasaron factura de cobro. Quizá la perfecta excusa para quienes se escaquearon de las críticas, pero la realidad y las matemáticas decían que los puntos se perdieron desde el comienzo de temporada, algo que fue pasado por alto para evitar asumir responsabilidades.

Sin embargo, cuando la autocrítica no brilla por su ausencia comenzando desde el máximo responsable de un grupo y se toman las decisiones correctas para enderezar el camino, los buenos resultados no demoran en llegar. Y exactamente tardamos diez meses en recuperar algo que se nos había extraviado.

El problema de caerse es no levantarse. Y gracias a un grupo de personas que ingresaron a la junta directiva del equipo, a la organización que se mostró desde el comienzo con la asesoría del técnico que por corto tiempo hubo en la pretemporada, Luis Agosto y la posterior incorporación de los entrenadores Pepe Mulet y Juan Muntaner, el objetivo llegó a buen puerto el pasado 26 de julio en el campo de Lloseta al vencer 3-1 al filial del emblemático Constància de Inca.

En un hogar de principios y buenos valores desde temprana edad nos enseñan a conocer a los verdaderos amigos y a las personas con buen fondo, especialmente en situaciones adversas. Y precisamente a tenor de esas vicisitudes aprendemos a rodearnos de la gente que nos apoya para sacar adelante un proyecto herido de muerte. Me refiero a Héctor Souto, director deportivo que desde hace ocho años me acompaña en esta andadura, a David Zurita que lleva ligado al club hace seis años y a Simeón Grozdanov, nuestro búlgaro entrenador de porteros incondicional colaborador del equipo.

También especial mención para toda la gente de la junta directiva que sacó la casta y asumió un denodado trabajo para llevar adelante las tareas a las que se comprometieron en esta temporada: a Alex Pomar, a Rubén Osorio, a Lilian Mina, a Pepe Moya, a Amparo Estacio, a Fanny Delgado, a Cristian Guardia, a Darwin Martínez y a Francisco Godoy mis más sinceros agradecimientos.

Quienes estamos en el fútbol aficionado sabemos que esto es una empresa a fondo perdido, que subsiste de patrocinios y de iniciativas propias de un club para recoger fondos. Por lo tanto, el voluntariado es un trabajo que no tiene retribuciones económicas de ninguna índole y a veces es mal agradecido con las horas de abnegación que pocos valoramos.

Este año se cumplen diez años de la fundación de Baleares Sin Fronteras Fútbol Club, y los verdaderos protagonistas de esta gesta del tercer ascenso de nuestra corta historia se pueden sentir orgullosos de haberlo logrado. No hablo solo desde el punto de vista deportivo, sino desde la esencia personal. Por la filosofía de este periódico antepongo el factor humano de esos 25 futbolistas a los resultados. Un grupo de muchachos de diferentes nacionalidades que han sabido mantener viva la esencia de los valores de este club. Periodísticamente me gusta proyectar buenas noticias de la gente llegada de afuera, ellos son una muestra de trabajadores deportistas que se integran perfectamente a la cultura que los acoge.

Y como la felicidad no es completa, esperemos que esta tormenta del COVID-19 amaine, cese la crisis y la vida nos mantenga a todos con buena salud. ¡Objetivo cumplido!.



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>>>PICS

17/07/2020



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Editorial 370: Necesitan identificarse, ni más ni menos

16/07/2020


Por Juan Pablo Blanco


Una verdadera pesadilla sufren las personas que pretenden la obtención de una cita previa para tramitar la toma de huellas para la expedición de su tarjeta de residencia (con resolución aprobada) o la renovación de los permisos de residencia de larga duración y/o permanente, cita para asignación de NIE, certificado de residencia de ciudadanos de la Unión Europea.

Actualmente se ha formado un verdadero colapso, tanto los extranjeros como los profesionales ven como es casi un imposible la obtención de una cita previa para realizar estos trámites. Esto es lo que nos explica la abogada, Beatriz Tobón en su artículo de opinión.

Por su parte la letrada que lleva muchos años en esto del derecho de la extranjería, Margarita Palos, aconseja a los afectados a acudir al Defensor del Pueblo a ejercer sus derechos en el apartado de “Tu queja”, pues ya no es una situación que afecte a una minoría sino a una gran mayoría.

Desde la Policía Nacional dicen a los abogados o a los gestores administrativos, que citas sí hay, pero otra cosa muy diferente es lo que presenta la realidad. Lo más preocupante es que a partir de la finalización del estado de alarma hay un plazo de seis meses -hasta el 21 de diciembre- para renovar los documentos, pero de no corregirse esta situación no nos quepa ninguna duda que estaríamos enfrentando un tema complicadísimo de resolver al tratarse de centenares de personas que quedarían irregulares por responsabilidad de la propia Administración luego de que expiren estos 180 días de plazo, sí, increíble pero cierto.

Por ejemplo, resulta llamativo la carta que le envía la Seguridad Social a una persona cuya tarjeta de residencia caducaba el 18 de mayo, pero que por el estado de alarma se prorrogaba hasta finales de este año. En el documento en el que reproducimos apartes del texto se le concede un plazo de diez días hábiles para tener sus papeles en vigor, la preocupación de esta persona no es para menos al verse comprometido el pago de su pensión.

Salvo error de interpretación de los abogados o de quien escribe, estamos hablando de un desconocimiento de la Administración Pública de las propias disposiciones de la otra parte de la Administración Pública. Concretamente, la Seguridad Social ignora la nueva orden gubernamental que acepta la vigencia de los documentos que hubiesen vencido durante el estado de alarma y les concede una prórroga de seis meses una vez finalizado éste.

Y si esto es la Administración Pública, las entidades financieras no se quedan atrás. Hay personas que no pueden hacer sus trámites bancarios porque literalmente los encargados de gestionar las operaciones tienen instrucciones de no aceptar nada que sea un documento de identidad vigente. Nos hemos encontrado casos en los que ni siquiera aceptan las resoluciones de aprobaciones de concesiones de permisos de residencia y trabajo.

A la pandemia se une la falta de personal en las oficinas de la Administración Pública, es un hecho evidente. En Extranjería de Palma, tráfico, la Seguridad Social y otros estamentos han reducido el personal. Así es complicado que funcione bien un país. Y, si antes de la pandemia las cosas iban como iban, qué podemos esperar ahora con este desbarajuste burocrático que ralentiza los trámites y tienen en el limbo especialmente a miles de inmigrantes que están a la espera de normalizar su documentación.

En la fila estamos en este periódico para una entrevista con la Delegada del Gobierno, Aina Calvo para que hablemos de cómo se enfrentará esta coyuntura y si existe un plan a corto o mediano plazo para subsanar lo expuesto. Estamos hablando nada más y nada menos de documentos que te solucionan o te agravan tu vida en el día a día. Simplemente la tranquilidad de la normalidad de poder identificarte correctamente sin tener problemas de ninguna índole.



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Editorial 369: Regularización a los “sin papeles”

27/06/2020


Por Juan Pablo Blanco


Antes de hablar de una propuesta de regularización de inmigrantes sin papeles presentada al cierre de esta edición en el Congreso de los Diputados, me gustaría referirme a los episodios relacionados de racismo o la xenofobia a propósito de la muerte de George Floyd.

Siempre he tratado de abordar de la forma más natural, sin extremismos y mirando por el retrovisor cada uno de los episodios que ha marcado mi vida de inmigrante desde que salí de natal Colombia hace 23 años. Las experiencias me han ido enseñando que cuando hablamos de “ser diferente” lo podemos analizar desde las diferentes perspectivas personales, no solamente por el color de piel, procedencia, creencias o estilos de vida.

Esta muerte la condené en mis redes sociales como millones de personas en el mundo por la sevicia con la que se cometió y el sufrimiento al que fue sometido por un policía norteamericano, también estoy en desacuerdo con los guetos cerradísimos de los jóvenes afroamericanos residentes en Estados Unidos. Posiblemente una comunidad discriminada y apartada de prebendas sociales, que al final decide tomarse la justicia por sus propias manos cuando la copa se rebosa al ver en repetidas ocasiones que la historia de la película se repite cuando se trata de abuso policial.

Para quienes hemos tenido la oportunidad de vivir y conocer la multiculturalidad- USA- no resulta difícil entender que cuando un país carece de historia y sus valores de pedagogía están en niveles muy bajos es muy fácil alcanzar los máximos decibelios de intolerancia. Afortunadamente, pienso que España aún está lejos de llegar a estos extremos, aun así preocupan los discursos de estómago que relacionan a la inmigración irregular con delincuentes, y si por esa regla de tres fuera, quien escribe está rodeado de “delincuentes” todos los días.

Pasando a ese mismo contexto de inmigración irregular en España, me atrevería a hacer una quiniela contraria a los pronósticos de quienes vaticinan una estampida de inmigrantes sin papeles a sus países de origen a medida que vayamos volviendo a la “nueva normalidad”.

A mi criterio nunca se puede llegar a comparar la crisis del 2008 con la actual que comenzamos a vivir. En el ámbito de la inmigración me atrevería incluso a afirmar que serán pocos los que se decantarán por regresar a casa. El contexto socio-económico difiere mucho con el actual por varias razones.

En el gobierno de Rodríguez Zapatero no podemos olvidar que quienes decidían devolverse de la aventura migratoria recibían el 40 por ciento del paro acumulado y luego ya en su país el otro 60 por ciento. ¿Lo recuerdan?, además, quienes no estaban en situación regular obtenían ayudas de la Cruz Roja para regresar a sus países.

Dista mucho una situación pasada con la que nos enfrentamos ahora. La pandemia está atacando sin miramientos a los países de Latinoamérica. Por este simple motivo, quien haya pensado en regresar a su país no tiene ningún tipo de incentivo como sí sucedía hace doce años.

Si en algún momento varias personas me comentaron su intención de retornar, nada más comenzar el confinamiento en España, hoy por hoy ven muy lejana esa posibilidad ante el vendaval sanitario y económico que comienza a azotar a los países latinoamericanos.

Creo que ahondar en más explicaciones sobraría. Lo que preocupa es el aumento de la pobreza, e incluso de la irregularidad sobrevenida del Covid-19, que no le permitirá a cientos de personas regularizar su estatus migratorio. Los más viscerales y detractores pensarán que se les debe echar a la fuerza, palabras más o palabras menos, expulsarlos de España.

Mi pregunta: ¿Van a expulsar a más de medio un millón de personas? No deja de ser una alternativa utópica. ¿No sería mejor buscar una alternativa para evitar que siga proliferando la economía sumergida y la irregularidad a todos los niveles? Al cierre de esta edición Unidas Podemos y otros partidos socios de Sánchez presentaban una proposición no de ley para una regularización de inmigrantes. No se trata de “papeles para todos” o de hacer eco de un efecto llamada, simplemente hay que poner sobre la palestra soluciones rápidas y efectivas de una coyuntura que está ahí y hace parte de nuestra realidad social y económica.



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