EDITORIAL | Por Juan Pablo Blanco
Editorial / El pasillo del que habla Pedro Sánchez

04/04/2020


Por Juan Pablo Blanco


Al escuchar la alocución íntegra del Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez sobre la extensión del estado de alarma hasta el 26 de abril, intuyo -como muchos de ustedes- que sobre nuestra cotidianidad habrá cambios en el momento de regresar progresivamente a la vida “normal”.

Aunque no lo confirmó abiertamente, me da la sensación por sus respuestas a los periodistas una vez finalizada su comparecencia, que después del 26 de abril tendremos como mínimo otro confinamiento de quince días más. Apostaría que a mediados de mayo daríamos los primeros pasos para volver a la calle, eso sí, muy condicionados y con serias restricciones. (Esta es una opinión personal, a tenor del proceso de transición que vive China para regresar a la “normalidad”).

No me refiero solo a las mascarillas, que por cierto se comprometió en su discurso a abastecer a la ciudadanía de este material y suficientes geles desinfectantes de manos, que serán en adelante nuestros fieles compañeros, parece elemental esta observación, pero tal y como hemos hecho en este último mes cursillos avanzados sobre cómo lavarnos las manos, también debemos habituarnos a este nuevo estilo de vida para prevenir que el bicho nos ataque.

Por un prolongado tiempo, mientras no se descubra la dichosa vacuna contra el COVID 19 o se acondicionen tratamientos eficaces, estaremos a la par de las costumbres orientales que las han adoptando, incluso, antes del COVID-19.

Me quedan varias preguntas sobre el “pasillo” al que se refiere Sánchez una vez descienda significativamente la curva de contagio. Hablamos de una transición, y no sólo será la de dotarnos de materiales sanitarios de prevención.

Muchas decisiones se tomarán para prevenir un brote de segundo contagio. Supongo que prohibir o restringir lugares de concentraciones masivas de gente. Y a partir de ahí es cuando sí que varios sectores de la economía se pueden ver más golpeados de lo que actualmente están en el caso de que se restrinjan actividades consideradas no esenciales, pero de las que subsisten centenares de familias.

En primer lugar, me proyecto a junio o julio, una vez estemos en esa transición en la que, sin lugar a dudas, predominará la desconfianza y la inseguridad ciudadana para evitar contagios.

El gobierno tendrá la última palabra sobre las medidas que se adoptarán con empresas que viven del ocio y la cultura, por citar ejemplos: discotecas, pubs, conciertos, teatros, casinos, ferias, mercadillos, etc.

El curso escolar, según cómo se reduzca la pandemia, podría reanudarse a finales de junio, de lo contrario, nada de extraño tiene que se dé por finalizado.

¿Y qué ocurrirá con las competiciones deportivas?, pues se trata de prevenir el contacto. Aquí hablamos de un imposible. En las ligas profesionales y no profesionales posiblemente no bastará jugar los partidos a puerta cerrada, simplemente el riesgo de contagio entre los deportistas sigue existiendo.

En el deporte base la situación es más de lo mismo; compleja con los padres y madres que sentirán extrema desconfianza de llevar a sus hijos e hijas a competir en la respectiva disciplina en la que estén federados.

Sánchez hablaba de cambios rigurosos en el momento de regresar progresiva y prudentemente a la vida normal. Como a la inmensa mayoría de españoles me causa curiosidad sobre las medidas que se adoptarán para afrontar esta nueva etapa que nos espera, pues al escuchar su intervención la misión apunta a la prevención, prevención y prevención (palabra que repitió en varias ocasiones). Y para que se de este supuesto habrá de seguir tomando controvertidas medidas, un segundo brote de la pandemia por falta de medidas rigurosas sería la verdadera hecatombe, como él mismo lo reconoció, en este momento ningún gobierno del mundo tiene la última palabra sobre el coronavirus.

Dejar contentos a todos será misión imposible. “El pasillo” del que habla derivará en varias connotaciones sociales a corto plazo que nos afectarán a todos.



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Editorial 363: ¡Resistiremos a lo que nunca pensamos vivir!

27/03/2020


Por Juan Pablo Blanco


No sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, frase de cajón pero clavada para estos momentos. No voy a decir nada nuevo de lo que no se repita en las redes sociales. Sin embargo es necesario, recordar una y otra vez los gratos momentos que hemos disfrutado junto a la familia, nuestros amigos, conocidos y compañeros de trabajo.

No hemos llegado ni siquiera al final de la primera fase del estado de alarma, al cierre de esta edición faltaban aún cinco días para completar el primer ciclo del confinamiento. Y luego, sumar otros quince días que faltan con otras posibles prórrogas de encierro obligado y responsable hasta que los contagios y las muertes se dejen de contar a puñados. Esa es la radiografía actual que nos deparan las noticias diarias.

Esta última hipótesis forma parte de una percepción personal y no de ninguna noticia oficial que lo confirme, quisiera estar equivocado, ruego para que sea así, pero vamos camino de Italia y no podemos taparnos los ojos ante la realidad, ni mucho menos desbordarnos de optimismo.

Claro que debe existir un halo de optimismo mesurado de que habrá una curva de descenso de contagios y veremos la luz al final del túnel, pero ni el más experto en epidemias podría hacer un vaticinio exacto de cuándo llegará ese día, esperemos que sea lo más pronto posible.

En estos días al igual que todos ustedes, se apodera de mí una sensación de desasosiego, de dolor, de tristeza y de impotencia de ver cómo se multiplican los muertos por este bicho que nos ha pillado a todos con los pantalones abajo y con recursos materiales insuficientes de logística. Afortunadamente en España nos sobran idóneos profesionales sanitarios y miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado que se están dejando la piel y hasta su propia vida para salvarnos de una catástrofe.

Sentimientos de rabia, de incredulidad, de pesar por ver morir a nuestras generaciones de personas mayores en la absoluta indefensión, soledad y alejamiento obligado de sus seres queridos. Nadie por muy ruin que haya sido en su trasegar por la vida merece ponerle punto final de esa cruel manera a su existencia.

Me uno a lo que usted piensa como lector o lectora de estas líneas, sí, seguramente nunca nos pasó por la cabeza ver este holocausto de personas caídas, no propiamente por armas de guerra sino por un virus letal, estamos asistiendo a algo jamás pensado.  

Se manejan muchas teorías al respecto, me apunto a los que se decantan a la provocada por manos maquiavélicas, pues en tiempos de avanzada tecnología, visitas a Marte y estudios de vida en otros planetas, me abstengo de tragar entero sin masticar el origen de una jugada estratégica que tiene en jaque mate al mundo y asesina gente a raudales sin entender de clases sociales, nacionalidades o religiones.

La  solución en este momento no es lanzar conjeturas ni entrar en el juego de las especulaciones, pero desde luego que cada muerte aumenta la resistencia a creer que esta conocida enfermedad obedece únicamente al contagio de un animal a un humano. Llámenme ignorante, hasta bien merecido lo tendría, no tengo pruebas, pero prefiero pecar por exceso y no por defecto. Y en esa línea hay un hilo de acontecimientos que nos encajan al sentido común del raciocinio humano.

En la desaforada avaricia y el afán de control de los mercados financieros podría estar la clave del exterminio masivo. Esperemos que al final de esta pesadilla se pueda tomar nota de los errores y buscar culpables. No es hora para los oportunismos y señalamientos, ya es muy tarde. Es momento de contagiarnos de solidaridad, bondad y nobles gestos hacia esas personas que en la calle anteponen sus vidas en una guerra por vencer al bicho.

El mayor tesoro regresará: volveremos a abrazarnos con los familiares y los amigos. Le daremos un significado añadido a las cosas que antes considerábamos insignificante para ser felices. ¡Saldremos de esta!



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Editorial 362: Hoy más que nunca debemos remar para la misma orilla

17/03/2020


Por Juan Pablo Blanco

Algunos de los que están leyendo esta columna nunca se hubiesen imaginado vivir una situación mayúscula. Quizá la habíamos visto en películas de terror o de acción en el cine, pero la calma regresaba una vez encendidas las luces de la sala. Aunque hace mucho rato que no voy al cine siempre recuerdo los murmullos de la gente con sus comentarios a la salida: “menos mal que eso no pasa en la vida real”.

Y no es por ser melodramático o imprimirle tremendismo a lo que estamos viviendo con el coronavirus, pero me incluyo dentro de mi desconocimiento de los que pensaba que la prensa estaba magnificando lo que comenzaba a suceder en China hace apenas un par de meses y que hoy lo tenemos en nuestros propios hogares.

¿Quién no ha tenido temor en estos días? Seguramente que pocos se salvan de tener sensaciones de miedo por el confinamiento al que estamos sometidos actualmente. Una figura de la Constitución que busca salvaguardar la protección de los ciudadanos ante la emergencia sanitaria universal en la que España e Italia por Europa están llevando la peor partida.

Al cierre de esta edición los fallecidos en Italia se disparaban llegando a 1800, del total de los 25 mil afectados. Es una barbaridad que más del 8% de los enfermos no puedan resistir. En España el número de fallecidos- aunque es alto- 297 en relación al total de los nueve mil infectados de hoy lunes 16 de marzo, no alcanza a llegar al 4%, pero aun así no es para tirar cohetes.

La responsabilidad social en el ejercicio periodístico me lleva a pedir unidad y solidaridad a cada una de las personas que lean estas líneas. Creo que apelando al dicho de que “nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde”, es importante que valoremos a la familia, a los amigos, e incluso, a las personas con las que hemos tenido diferencias.

Sin restar importancia a los sufrimientos causados por las guerras y los conflictos surgidos de la injusticia social que se cobran miles de muertes en el mundo, está claro que nos enfrentamos a uno de los peores años de la humanidad. Nos sentimos tristes e impotentes de contar puñados de muertos todos los días por una pandemia que ha pillado con los “pantalones abajo” a nuestros gobernantes, a los que les faltó reaccionar a tiempo. En medio del optimismo debemos reconocer que contamos con uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo, pero también dentro de la realidad cabe preguntarse ¿hasta dónde puede aguantar España esta pandemia?.

Es el peor momento para los reproches o para discutir de los errores del reciente pasado. Ahora debemos remar todos para el mismo lado de la orilla. Luego vendrán las recriminaciones y los ajustes de cuentas en el ámbito político. Aun así con lo tarde que se aplicaron las medidas de prevención de contagio, por estos días las señales de solidaridad y de optimismo prevalecen sobre el individualismo y la avaricia.

Estoy seguro de que se trata de un mal sueño y entre todos superaremos esta emergencia colectiva. Por nuestras hijas e hijos, hoy más que nunca tenemos que sacar fuerzas de flaqueza para afrontar con responsabilidad y positivismo esta coyuntura. En estos días de compartir en casa, qué mejor que derrochar amor de familia, y por qué no, retomar la comunicación perdida a tenor de una tecnología que hoy impotente ante la adversidad, nunca reemplazará los valores y los principios del hogar.



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El fútbol de élite también debe suspenderse

12/03/2020

Viendo por televisión las incidencias del PSG contra Borussia Dortmund a puerta cerrada, quedan algunas reflexiones de simple sentido común respecto a las medidas adoptadas en el fútbol por el Coronavirus.


La idea de jugar a puerta cerrada es un parche mal puesto. Bastaba ver los cientos de aficionados del conjunto francés y a muchos seguidores alemanes aglomerados a las afueras del estadio parisino con idéntico riesgo de contagio como si estuvieran adentro del recinto deportivo.


Que no sean decisiones de los gobiernos europeos para lavarse las manos, sino para que en la práctica sean efectivos, de lo contrario, dará exactamente igual jugar a puerta cerrada que con veinte mil, cincuenta mil o cien mil dentro de un estadio.


En el caso del Mallorca-Barcelona que se jugará a puerta cerrada este sábado en Son Moix y otros cuantos partidos de la Liga Santander y de Segunda División del próximo fin de semana, puede suceder lo mismo que hoy en París.


De nada servirán las medidas de prevención de contagio si no hay conciencia ciudadana y se anteponen los colores de una camiseta o la pasión futbolera a la salud.


La solución más práctica sería suspender los partidos. Con esto, de paso no se perjudicarían los intereses económicos del Mallorca y de todo el comercio que se beneficia de la visita blaugrana a la isla, además no se privaría a los aficionados de ver el partido.


Visto lo visto en París, lo mejor para el fútbol de élite es suspenderlo de raíz por lo menos dos semanas o el tiempo necesario. La prevención funcionaría mucho mejor, e incluso, los mismos equipos y los propios aficionados y no aficionados lo agradecerían.


Jugar en condiciones normales con público resultaría mejor para todos. Y mejor aún, suspender el fútbol de élite para evitar tentaciones de tumultos o grandes concentraciones en donde exista riesgo de contagio.


Lo mismo debería suceder en el fútbol base y categorías regionales. Aunque epidemiología diga que el riesgo de contagio crece con más de mil personas, nadie garantiza que en un campo de fútbol o en un polideportivo, con diez, veinte o cincuenta personas no estemos exentos de la propagación del virus.


Ojalá impere la sensatez y se suspenda el fútbol en todas las categorías, así como está sucediendo en otros deportes y diferentes ámbitos del trabajo, ocio y cultura.


¡A mi criterio sería lo mejor para todos!



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Editorial 361: El Palma Futsal y la UD Ibiza cero tolerancia al racismo

28/02/2020

En la edición número 360 de este periódico, un mes atrás, hablamos en esta misma columna sobre la lacra del racismo en los recintos deportivos y las medidas tibias que se aplicaban para aniquilar a esta lacra social. Pues bien, el fin de semana pasado un jugador del Palma Futsal fue víctima de insultos racistas durante un partido que su equipo disputaba en Zaragoza.

Vicente Engonga, ex jugador del Real Mallorca y de la Selección de España recordaba en un documental de Bein que lo importante era que este tipo de repudiables hechos fueran denunciados a gran escala por los clubes afectados.

Enhorabuena a José Tirado, director deportivo del equipo. El ex jugador de este deporte no tuvo reparos en colgar en la WEB del club el sentimiento de impotencia tras un contundente comunicado emplazando a las autoridades deportivas a sentar un precedente importante.

En estos casos no se puede ir de rositas ni con paños de agua tibia, ni con cartelitos para la foto de los dirigentes. De lo que se trata es de identificar a los intolerantes y vetarles la entrada a un recinto deportivo. No hay precedentes y mientras no los haya será imposible eliminar el racismo en el deporte.

Mientras el jugador brasilero Nunes del Palma Futsal “estaba jodido” por esta experiencia deleznable, tal y como explicaba Tirado en el comunicado, en Gijón, Christian Joel, portero de origen cubano del filial B del Sporting de esa ciudad, que disputaba un partido frente a la UD Ibiza, también pasaba un trago amargo tras recibir un video de unos niñatos recogepelotas con un mensaje asqueroso: “aquí está tu sudadera, inmigrante”

El portero del Sporting B antes del partido en Ibiza había perdido su sudadera en el calentamiento. Los jóvenes se la habían literalmente robado. Chapó también por el equipo ibicenco que no dudó en apartar de las filas de la Academia a los ayudantes del club.

No obstante, en el segundo caso preocupa la edad de los agresivos recogepelotas, no sobrepasan los 20 años. Y poco cuesta adivinar, salvo equivocaciones, de dónde habrán aprendido esas agresivas manifestaciones de odio desde tan temprana edad, además del ingenio de aprender a insultar a alguien con la ingenuidad añadida de colgar el video en redes sociales.

Nada que agregar, solo que poco o nada se está haciendo para que se tomen medidas contundentes. Pero la pelota sigue estando en el tejado de los políticos y los dirigentes deportivos que creen que con una foto y un cartel la cosa se va a arreglar.

En el fútbol modesto lo hemos vivido desde hace diez años con nuestro Baleares Sin Fronteras Fútbol Club en categorías aficionadas en donde la invisibilidad de estos degradantes episodios es evidente, salvo unos pocos árbitros se pronuncian en las actas, y ni qué decir de las medidas correctivas que brillan por su ausencia.


Mujeres en el 8 de marzo

Dedicar estas líneas a las mujeres trabajadoras que han luchado por ellas mismas para salir adelante en homenaje al Día Internacional de la Mujer. A todas las inmigrantes, muchas españolas que también han salido de este país en búsqueda de un mejor porvenir. Ellas representan un símbolo de igualdad. No deben existir los 24 de diciembres o el Día de Reyes para ser más solidarios, o el 14 de febrero para impresionar en las redes sociales con una foto besando a la pareja. El 8 de marzo deben ser todos los días del año representados en la igualdad y el agradecimiento a las mujeres emprendedoras, luchadoras y a quienes lo han dado todo por sus hijos, sacrificando gran parte de su vida. En el entorno que me rodea, difícil no ser esclavo de tres mujeres que representan lo que soy como hombre en el presente y la mujer que en el pasado me permitió ser lo que hoy soy al traerme al mundo. Por todas ellas, la vida siempre será mejor.



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Editorial 360: No tenga miedo a denunciar aunque esté irregular

13/02/2020

No todo lo que se escucha o se ve en la calle es para publicarlo por muy noticioso que parezca. A pesar de que siempre me haya apasionado esta profesión, siempre he antepuesto el factor humano, especialmente cuando se trata de proteger la identidad de las personas vulnerables que puedan resultar gravemente perjudicadas por una información.

Me he abstenido de publicar informaciones de historias escabrosas que llegan al alma. Siempre me pregunto lo conveniente que resulta publicar una noticia con los pro y los contras que pueden causar.

La responsabilidad social es esencial en esta profesión y ya con 30 años de ejercicio, el ego, la vanidad o la figuración pasan al baúl de los olvidos. Firmar una noticia que pueda perjudicar a alguien para preservar su intimidad no es un trofeo de guerra, por el contrario, la conciencia nos puede despedazar por no cumplir a cabalidad aquello denominado “sigilo periodístico”.

Hemos regresado el tiempo. Nos encontramos en una época en la que la irregularidad administrativa en las Islas es una constante. Palabras menos, hay mucha gente que está a punto de arreglar su estatuto migratorio como existen otras personas a las que aún les falta tiempo para hacerlo.

El hecho apunta a que desde hace un año a la fecha me he encontrado en diferentes lugares con personas que me cuentan sus penurias del día a día, experiencias traumáticas a las que son sometidas por no tener los papeles en regla. Algunos pidiéndome toda la reserva del caso me han contado que los contratan hasta por dos euros la hora para hacer trabajos pesados del campo, realizan trabajos extenuantes en determinados lugares a los que las inspecciones de trabajo no alcanzan a llegar.

Existen también mujeres inmigrantes trabajando largas horas en casas de familias por sueldos precarios sin Seguridad Social y obviamente sin ningún tipo de prestación por no tener su situación migratoria en regla.

Situaciones de las que me he enterado por las propias víctimas que prefieren muchas veces callar hasta que cumplan los tres años para optar a la regularización. Realmente temen a hablar más de la cuenta para no meterse en ningún tipo de problema que ponga en riesgo su permanencia en España.

Y es que de esa desgraciada coyuntura es de la que se aprovechan algunos impresentables para sacar beneficio propio. Me he enterado por boca de los propios afectados de algunos inescrupulosos empresarios que “contratan” a jóvenes sin papeles para luego no pagarles. Y sí existe una deuda pendiente les recuerdan que están “sin papeles en este país”, no tienen ningún derecho y les dicen que cuentan con todo un arsenal de amistades influyentes para hacerlos expulsar del territorio nacional.

Literalmente los amedrentan, les meten miedo en el cuerpo para que no cobren lo que han trabajado. Las deudas para estos impresentables nunca las pagan y siguen tan tranquilos porque saben que el inmigrante irregular que ha trabajado para ellos está muerto del miedo y no se atrevería ir a una comisaría de Policía a interponer una denuncia. Ahondando más en el asunto tengo conocimiento de que algunos de estos jóvenes explotados no solo han sido engañados sino también son víctimas de agresiones físicas.

Es cruel, y hay historias horripilantes como la de unos jóvenes que hacían trabajos de cargar muebles. Dos de ellos fueron acusados de haberse robado una suma elevada de dinero de una maleta. El contratante del servicio duró chantajeándolos un tiempo para que le devolvieran un dinero que jamás ellos tocaron so pena de denunciarlos a la Policía por estar irregulares.

Afortunadamente quien obra bien en la vida a nada le debe temer. Los afectados acudieron a una abogada penalista que les asesoró correctamente. El supuesto perjudicado del robo interpuso una denuncia con argumentos débiles ante la policía.

Tras una buena asesoría de una abogada penalista, la supuesta víctima del robo en el juicio desistió de la denuncia pues a la vez también había sido denunciado por estos chicos. El daño estaba hecho, pero el honor nadie lo restituía. Esté en la situación administrativa que esté no tenga temor a la denuncia. No lo deportarán y si contribuirá para quitarle la máscara a estos aprovechados de la desgracia ajena.

(Recomendamos lectura del artículo página 9)



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Editorial 359:Proliferan en el fútbol muchos Iñakis Williams de élite y aficionados

31/01/2020

A la espera del pronunciamiento de la Liga respecto a los insultos racistas proferidos por una parte de la grada del Cornellà al jugador del Athletic de Bilbao, Iñaki Williams, nacido en esa ciudad hace 25 años, hijo de una pareja de inmigrantes ghaneses refugiados en un campamento de Buduburam. El hecho se presentó en un partido de la Liga Santander jugado en ese estadio, que enfrentaba al Espanyol y al Athletic de Bilbao el pasado 25 de enero.

Si se actuara de oficio de acuerdo a la normativa FIFA, el Espanyol lo tendría cuesta arriba. Si a Luís Suárez, jugador uruguayo lo defenestraron públicamente prohibiéndole la entrada a los partidos por haberle mordido la oreja a un rival italiano en el mundial de Brasil 2014, además de la multa de 117 mil dólares y los nueve partidos de sanción y cuatro meses para no ejercer ninguna actividad ligada al fútbol, en este caso puntual el comité de sanciones de la Liga posiblemente impondrá una multa al club con los otros añadidos sancionatorios como el precinto de la parte de esa tribuna y la apertura de un expediente para prohibir la entrada a los violentos e intolerantes.

Una de las clausulas impuestas a Suárez fue negarle la entrada a un recinto deportivo mientras que la sanción no expirara como si se tratara de un delincuente, por consiguiente, estos impresentables, deleznables y resentidos sociales no tendrían que volver en vida a pisar las instalaciones de un recinto deportivo.

Ahora con el avance de la tecnología en el fútbol deberían aplicarse castigos sin ningún tipo de contemplación para evitar que a esa gentuza, que destila odio por los poros se le permita entrar a un espectáculo público por el resto de sus vidas.  Esta semana vi un documental en Bein sobre racismo en el fútbol. En el trabajo periodístico jugadores como Roberto Carlos, Kameni, Eto´o, el ya fallecido Wilfred, todas víctimas de esta lacra, ofrecían testimonios que vivieron en sus propias carnes en varios campos durante su carrera deportiva.

Episodios que degradan la moral de cualquier persona, que por bastante dinero que ganen en este deporte, no dejan de menoscabar públicamente la dignidad humana, causando daños morales irreparables. Valga decir que la justificación de estos impresentables generalmente apunta a que el insultado siempre va de víctima. Es un argumento para maquillar su conducta agresiva y excusar el odio acumulado en su personalidad. En ese mismo documental, Vicente Engonga, de origen ecuatoguineano, ex mallorquinista, que dicho sea, alcanzó a enfundarse la roja de la Selección de España se refería a una cruel realidad.

Los Iñaki Williams, los Eto´o, los Robertos Carlos y todos los demás deportistas de elite- pero con fama- víctimas de racismo han podido desahogar su enfado ante los ojos del mundo, e incluso plantando cara a los intolerantes. La pregunta del millón que se hacía Engonga, y por qué no, todas las personas que estamos alrededor del fútbol modesto era: ¿Qué ocurre con los jugadores inmigrantes del fútbol regional víctimas de esta situación? Le respondo al ex mallorquinista: no supera el castigo de un mes, incluso, hasta el mismo informe de un acta arbitral denunciando racismo en un partido, o un insulto xenófobo pasa desapercibido para muchos comités de disciplina de las respectivas federaciones autonómicas.

Con nuestro equipo, Baleares Sin Fronteras Fútbol Club lo hemos vivido en algunos campos desde hace una década. No en todos, las generalizaciones son muy malas consejeras, reconozco también haber conocido gente con un grandioso talante humano en este mundillo del fútbol aficionado.

Sin embargo, los castigos ejemplares contra el racismo siguen aflorando por su ausencia. Si en el fútbol de élite no pasa nada, ¿qué se puede esperar de los categorías inferiores?.

Las federaciones y las ligas de cualquier competición, sea cual sea, deben ceñirse a la actual normativa FIFA para desterrar esta lacra. De lo contrario, nunca avanzaremos dejando en evidencia que interesa más el negocio que la dignidad humana.


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Editorial 358: Por el camino equivocado…

15/01/2020

Las personas que han tenido la oportunidad de conocerme saben perfectamente que soy un ser alejado de los radicalismos, extremismos o fanatismos vengan de la corriente ideológica que vengan. (Y eso no es ser tibio)

Por eso hoy, al estrenar la segunda semana del año veinte del siglo veintiuno, me preocupa seriamente los atisbos de odio, rencor, rabia, chulería o cómo lo quieran llamar.

Por el libre derecho a la democracia y a la libertad de expresión, creo que una cosa es salir a defender un posicionamiento en torno de lo “mejor para mí país” y otra muy diferente es aprovechar la oportunidad para vomitar odio y resentimiento mediante el insulto y la apología al nazismo como símbolo de unidad nacional.

Estamos retrocediendo años luz, las redes sociales son infalibles al mostrar imágenes que nos van a llevar a un clímax de intolerancia con altos niveles de peligrosidad para la convivencia.

Y como últimamente, a muchos niveles, la costumbre es tirar la piedra y esconder la mano, déjenme decir que no se trata de paranoias, o delirios de racismo o que afloren los fantasmas de persecución por procedencia u origen.

Hace unos días en un campo de fútbol cualquiera de un municipio mallorquín unos chavales de entre 18 y 22 años, desde la tribuna le comenzaron a gritar “maricón” a un jugador del equipo rival que jugaba en contra de los suyos. A mi compañero de trabajo, David Zurita, que estaba al lado grabando con su móvil algunas secuencias del partido le mandaron a apagar el dispositivo.

No atendiendo a sus exigencias les llamé la atención sobre su altanera conducta, especialmente con un par de personas mayores que ellos. Y aproveché para recordarles que a nadie se le insultaba desde la grada. Estupefactos quedamos cuando los niñatos al notar nuestro acento comenzaron en coro a gritarnos “Vox”. Y luego, entre ellos comentaban que serían los de las tres letras los encargados de echarnos de este país. No podíamos creer lo que estábamos escuchando, testigos sí que los hay y no se trata de montar un guion de película sobre estas líneas.

Al final, la conclusión que saqué giraba en torno de la información que procesaban estos imberbes desde sus casas por lo que habrán escuchado de los mayores. En fin, creo que andamos por muy mal camino. Cuántos de estos jóvenes comienzan a crecer en medio de prejuicios y adoctrinamientos que creía desterrados en pleno siglo XXI.

Preocupa que se esté creando una tendencia o una moda en el que lo diferente o lo diverso no tiene cabida en ciertos sectores. España siempre ha sido un país acogedor, y si bien se cuelan personas que vienen a delinquir, también existe una inmensa mayoría que honrada y dignamente se gana la vida y aporta su grano de arena en el desarrollo social y económico, algo que generalmente pasa desapercibido, salvo cuando salen los datos reales del Instituto Nacional de Estadística.

Hay gente muy adaptada y familias súper-arraigadas, generaciones de niños y niñas de diferentes orígenes que comparten aulas de clase desprovistos de prejuicios y distinciones. Los prejuicios los imponemos siempre los adultos y mal los estamos encaminando por culpa de la política. Al final, los de a pie somos los que nos rompemos el lomo trabajando para por lo menos dejarles un legado digno en valores y principios a las generaciones venideras. Pero creo que vamos por un rumbo equivocado, quisiera equivocarme.



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Editorial 357: En 2020 seguiremos siendo “palmeros” de lo positivo

24/12/2019

En días pasados luego de que le hiciere una crítica en mi perfil de Facebook a un redactor de un medio escrito de la Isla, sobre la forma de abordar las nacionalidades en las noticias de sucesos - difiero con el trasfondo de su estilo - nada más transcurridos cinco minutos su enérgica reacción no se hizo esperar. El tipo me puso a parir en Twitter tratándome de “palmero”, lo que equivale a aplaudir todo lo que los demás hacen, concretamente, como dicen en España la persona que le hace la pelota a todo, o en términos de mi país, el típico lambón soba-chaquetas.

Por lo tanto, más allá de un simple incidente de conceptos sobre una noticia, sí que me llegó al fondo del alma ese término “palmero”, que hasta con el tiempo, por qué no, lo incorporaré en el léxico habitual de la lengua de Cervantes, que dicho sea, compartimos cientos de millones de hispano-hablantes.

En resumen, este redactor sí que tenía ampliamente razón en sus apreciaciones, debo reconocerle absolutamente todo el acierto a la denominación de palmero. Él señalaba que en mis artículos todo lo encuentro bien, algo casi imposible de lograr hoy por hoy en el periodismo de la crítica voraz.

Recuerdo que antes de incorporarme a la Universidad Complutense de Madrid, transcurría el año 1997, la despedida en mi casa radial Todelar Radio apuntaba a un reto que nuestro director de aquel entonces, César Fernández nos ponía sobre la mesa a los periodistas de los cuatro informativos diarios que emitíamos en la FM.

Acabábamos de vivir una de las épocas más sangrientas en Colombia con los coches bombas del narcotrafico. En las grandes ciudades hubo cientos de fallecidos, además del pleno auge de la mal llamada guerrilla y el surgimiento del paramilitarismo que también cobró cientos de vidas.

Hastiados de publicar tantas malas noticias decidimos lanzarnos al reto periodístico de buscar personajes por el mundo y narrar historias en positivo durante cien horas seguidas con el condicionante de que ocurriese lo que ocurriese, por ejemplo, un hecho luctuoso que pudiera empañar esta maratón informativa de buenas noticias, no sería interrumpido. Finalmente ningún incidente grave de orden público logró desestabilizar el programa y el objetivo se cumplió.

No es un secreto para nadie que la línea editorial de Baleares Sin Fronteras, entre sus prioridades, siempre se ha basado en resaltar lo positivo del tejido asociativo serio y comprometido por su colectividad, reconocer el aporte foráneo de la gente que hace empresa y genera empleo y destacar a los profesionales anónimos procedentes de varios países que llegan a aportar bienestar y progreso.

Y si eso es “palmeriar”, bienvenida esa nueva expresión, la verdad que el tipo atinó a su descripción. Eso sí, tal vez le haya faltado ver la otra parte de la película. Concretamente quienes han seguido la trayectoria de estas 357 ediciones y 16 años- se escribe rápido- saben que por no compartir discursos y acciones manipuladoras y no aplaudir, según qué cosas en el ámbito de la inmigración, nos han castigado quitándonos la publicidad oficial, incluso cuando alguien del empresariado privado ha pretendido imponer condiciones a nuestra línea editorial han salido despedidos por la puerta de la redacción.

Es reprobable cuando aplaudes lo que está mal hecho. Quien venga a delinquir no tiene cabida aquí ni en ninguna sociedad de acogida, además que no faltan aquellos que por sus fobias interiores tiendan a meter a todos en el mismo saco.

Quien utilice la inmigración para ganar votos bien sea para victimizarla o demonizarla tampoco merece ninguna clase de reconocimientos, o quienes se hagan pasar por angelitos de la guarda o voceros de los llegados de afuera para encontrar réditos personales a través de asociaciones están en fuera de juego de nuestro argumentario periodístico.

Les deseamos a nuestros lectores unas felices fiestas y un venturoso 2020, seguiremos haciendo eco de lo positivo en nuestras futuras ediciones, o mejor sea dicho, “palmeriando” lo que merezca reconocerse.



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Editorial 356: Crecimiento de un 900 por ciento en estos últimos 22 años

10/12/2019

No es para menos la importancia que le otorguemos al reportaje que el Diario de Mallorca publicara el pasado 8 de diciembre. En este trabajo periodístico bastante profesional, por cierto, realizado por la redactora Mar Ferragut se hace eco de una serie de situaciones que cronológicamente hemos abordado a través de estos 16 años de Baleares Sin Fronteras, equivalentes a 356 ediciones quincenales, se escribe rápido pero quienes saben de este asunto les consta que ha llovido mucho sobre el tejado cuando se habla de inmigración y sus connotaciones.

De acuerdo al último dato del Instituto Nacional de Estadística, (INE) de 1998 al 2019 hemos pasado de 10.000 a 101.000 residentes latinoamericanos. En veintiún años ha crecido la población latinoamericana en un 900 por ciento, no es poca cosa.

Baleares en relación al total de la población es la Comunidad Autónoma que mayor índice de crecimiento presenta respecto a las otras del territorio nacional. Por este motivo el tema migratorio debe ser una de las prioridades gobierne quien gobierne, sea el color político que sea.
Y cuando me refiero a prioridades en ningún momento apunto a preferencias o privilegios. En mis declaraciones a este diario local tampoco hablo de subvenciones, ni de ningún tipo de ayudas. Simplemente desde hace un tiempo a la fecha observo con preocupación- no soy el único- la falta de políticas de integración social en las Islas, además existe una absoluta y palpable despreocupación de los políticos locales sobre las problemáticas sociales que se presentan con los colectivos de diferente procedencia.

Las problemáticas ya las he enunciado en las ediciones anteriores, pero...¿cuáles son las alternativas para encontrar las soluciones?. Si bien estas propuestas deben presentarse a través del tejido asociativo al área social del Govern balear- no se, si a estas alturas hay alguna conselleria que tenga competencias en inmigración o simplemente no existen- y a las diferentes áreas sociales de los ayuntamientos de las Islas encargadas de abordar esta temática.

Sin embargo, el mundo no debe ir al revés, por lo que es lógico y de responsabilidad civil, que quienes estén al frente de las áreas y se les designe en un alto puesto deben llegar cargados de ideas, especialmente en el comienzo de una legislatura: Concretamente están en la obligación de mejorar lo que había, proponer, innovar y ejecutar.

Y es que para eso la ciudadanía los ha elegido, para que marquen diferencia y pongan sobre la mesa propuestas que fortalezcan la buena convivencia, propongan campañas eficaces de tolerancia y respeto por lo diferente, incrementen la presencia de los mediadores culturales en las barriadas (hay mucha gente preparada) y no ahorren esfuerzos en promover actividades culturales y de pedagogía como hace una década atrás.

De la misma manera, ante el gran espectro poblacional de la gente residente no nacida en las Islas, también sería ideal que se creara una dependencia de información para el arraigo de las personas migradas a la cultura que les acoge, tal y como sucede en otros países europeos.

Nunca se deben escatimar las ideas cuando la pedagogía está de por medio. No se trata de favorecer a los inmigrantes, también la sociedad de acogida lo agradecería. Esta es una de tantas ideas que se podrían llevar a la práctica.

No se trata de criticar por criticar a los políticos, en estas mismas líneas se esbozan iniciativas que pueden resultar eficaces y de buena aceptación. No hay mejor inversión que la hecha a través de la pedagogía e implicación de quienes están al frente de áreas de responsabilidad social. Y reitero lo manifestado en el Diario de Mallorca. Las bonitas palabras y los discursos pro-inmigrante no solo se deben defender en Twitter o Facebook, eso no es suficiente. A la inmigración no se le victimiza, ni se le utiliza. La inmigración se normaliza con políticas eficaces de integración que se deben llevar a la práctica.



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