Medidas urgentes para garantizar el futuro de 600 millones de niños amenazados por la pandemia en el sur de Asia

23/06/2020

La pandemia de COVID-19 está deshaciendo décadas de avances en la salud, educación y otros logros para los niños del sur de Asia. Por ello los gobiernos deben actuar urgentemente para evitar que millones de familias recaigan en la pobreza, según un informe[1] de UNICEF publicado hoy.

A medida que la pandemia se propaga rápidamente por la región, donde habita una cuarta parte de la población mundial, el informe Lives upended (Vidas trastocadas) describe las desastrosas consecuencias a corto y largo plazo que el virus y las medidas para contenerlo han tenido en 600 millones de niños y los servicios de los cuales dependen.

“Los efectos colaterales de la pandemia en el sur de Asia, incluidos el confinamiento y otras medidas, han perjudicado a los niños de muchas maneras”, explica Jean Gough, directora regional de UNICEF para Asia Meridional. “Pero el impacto a largo plazo de la crisis económica en los niños será de una magnitud totalmente diferente. Si no se actúa urgentemente ahora, la COVID-19 podría destruir las esperanzas y el futuro de una generación entera”.

Según el informe, la vacunación, la nutrición y otros servicios sanitarios vitales se han visto interrumpidos. Esto supone una amenaza potencial para las vidas de más de 459.000 niños y madres durante los próximos seis meses. La inseguridad alimentaria aumenta: una encuesta realizada por UNICEF en Sri Lanka mostró que el 30% de familias ha reducido su consumo de alimentos. En Bangladesh, algunas de los hogares más pobres no pueden permitirse tres comidas al día.

Con las escuelas cerradas, más de 430 millones de niños han dependido del aprendizaje remoto, que solo ha cubierto parcialmente su objetivo; muchas familias, especialmente en las zonas rurales, no tienen electricidad, y mucho menos acceso a internet. Por eso preocupa mucho la posibilidad de que algunos estudiantes desfavorecidos se hayan unido durante este tiempo a los cerca de 32 millones de niños que ya estaban fuera de la escuela antes de la COVID-19.

Los servicios telefónicos de ayuda están informando de un aumento de llamadas de niños que sufren violencia y abusos durante el confinamiento en casa. Algunos están lidiando con la depresión, que ha llevado incluso a intentos de suicidio.

El informe también destaca que las campañas de vacunación contra el sarampión, la polio y otras enfermedades deben retomarse, ya que ayudarán a los 7,7 millones de niños que se estima que sufren desnutrición aguda grave. Las escuelas deberían reabrir lo antes posible, siempre que se apliquen las medidas adecuadas de lavado de manos y otras precauciones de distanciamiento físico.

En los últimos años, el aumento en los niveles de bienestar produjo avances significativos para la salud y la educación de los niños en Asia Meridional. A la mejora en las tasas de mortalidad maternal e infantil se unió la reducción del número de matrimonios infantiles y de niños fuera de la escuela.

Pero la crisis económica causada por la pandemia está golpeando duramente a las familias de la región. La pérdida de empleos y el recorte salarial generalizados han coincidido con la pérdida de remesas procedentes del turismo y de trabajadores que están en el extranjero. Las previsiones de UNICEF reflejan que en los próximos seis meses unos 120 millones de niños más podrían verse empujados a la pobreza y a la inseguridad alimentaria. Se unirían a los 240 millones que ya están clasificados como pobres.

Para mitigar el impacto sobre las familias más pobres, el informe asegura que los gobiernos deberían destinar inmediatamente más recursos a los programas de protección social, incluyendo prestaciones de emergencia por hijo a cargo y programas escolares de alimentación.

“Establecer medidas de este tipo ahora ayudará a los países del sur de Asia a pasar más rápido de la crisis humanitaria causada por la COVID-19 a un modelo de desarrollo sostenible y resiliente que tenga beneficios a largo plazo para el bienestar infantil, la economía y la cohesión social”, concluye Gough.

El informe subraya la importancia de abordar temas críticos relacionados con la infancia que ha puesto de manifiesto la COVID-19:

-Proporcionar a los trabajadores sanitarios comunitarios y otro personal de los servicios sociales equipos de protección individual para que puedan trabajar de manera segura.

-Ampliar las soluciones de aprendizaje para los hogares donde hay pocas opciones tecnológicas (por ejemplo, utilizando una combinación de papel y de materiales basados en el teléfono móvil), especialmente para grupos vulnerables como niñas, niños de zonas remotas y suburbios urbanos, y niños con discapacidad.

-Abordar la gran necesidad de suministro de agua, retretes y servicios de higiene en escuelas e instalaciones sanitarias.

-Trabajar con los líderes religiosos y otros aliados para abordar los mitos y los discursos de odio que ha provocado la pandemia.

A principios de junio, con su respuesta a la COVID-19 en toda la región, UNICEF y sus aliados –tanto gubernamentales como otros- habían:

-Llegado a 356.820 personas –incluidos niños- con apoyo psicosocial y de salud mental basado en la comunidad.

-Involucrado a unos 100 millones de personas en temas relacionados con la COVID-19, a través de la comunicación sobre riesgos y comunicación participativa.

-Llegado a 10,6 millones de personas con servicios y suministros esenciales de agua y saneamiento como parte del control de prevención de la infección.

-Formado a 1,4 millones de trabajadores sanitarios para detectar, derivar y gestionar casos de COVID-19 en niños, así como en mujeres embarazadas y lactantes.

-Llegado a 7,3 millones de mujeres y niños con servicios de atención sanitaria esenciales como vacunas, atención pre y postnatal, atención a personas con VIH y servicios relacionados con la violencia de género, en las instalaciones apoyadas por UNICEF.



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