Editorial 371: El arte de saberse levantar luego de un duro traspié

31/07/2020


Por Juan Pablo Blanco


No hay felicidad completa. Pero tampoco me puedo abstraer de sacarme una espina de haber cometido un error el año pasado que le costó al equipo el descenso administrativo tras un despiste involuntario de una alineación indebida que nos devolvió a la segunda regional del fútbol balear.

Por esta misma época -sin pandemia, que era la buena noticia- estábamos condenados a bajar de categoría, a mi criterio, no solo por una equivocación de escritorio, sino por unos malos resultados que al final nos pasaron factura de cobro. Quizá la perfecta excusa para quienes se escaquearon de las críticas, pero la realidad y las matemáticas decían que los puntos se perdieron desde el comienzo de temporada, algo que fue pasado por alto para evitar asumir responsabilidades.

Sin embargo, cuando la autocrítica no brilla por su ausencia comenzando desde el máximo responsable de un grupo y se toman las decisiones correctas para enderezar el camino, los buenos resultados no demoran en llegar. Y exactamente tardamos diez meses en recuperar algo que se nos había extraviado.

El problema de caerse es no levantarse. Y gracias a un grupo de personas que ingresaron a la junta directiva del equipo, a la organización que se mostró desde el comienzo con la asesoría del técnico que por corto tiempo hubo en la pretemporada, Luis Agosto y la posterior incorporación de los entrenadores Pepe Mulet y Juan Muntaner, el objetivo llegó a buen puerto el pasado 26 de julio en el campo de Lloseta al vencer 3-1 al filial del emblemático Constància de Inca.

En un hogar de principios y buenos valores desde temprana edad nos enseñan a conocer a los verdaderos amigos y a las personas con buen fondo, especialmente en situaciones adversas. Y precisamente a tenor de esas vicisitudes aprendemos a rodearnos de la gente que nos apoya para sacar adelante un proyecto herido de muerte. Me refiero a Héctor Souto, director deportivo que desde hace ocho años me acompaña en esta andadura, a David Zurita que lleva ligado al club hace seis años y a Simeón Grozdanov, nuestro búlgaro entrenador de porteros incondicional colaborador del equipo.

También especial mención para toda la gente de la junta directiva que sacó la casta y asumió un denodado trabajo para llevar adelante las tareas a las que se comprometieron en esta temporada: a Alex Pomar, a Rubén Osorio, a Lilian Mina, a Pepe Moya, a Amparo Estacio, a Fanny Delgado, a Cristian Guardia, a Darwin Martínez y a Francisco Godoy mis más sinceros agradecimientos.

Quienes estamos en el fútbol aficionado sabemos que esto es una empresa a fondo perdido, que subsiste de patrocinios y de iniciativas propias de un club para recoger fondos. Por lo tanto, el voluntariado es un trabajo que no tiene retribuciones económicas de ninguna índole y a veces es mal agradecido con las horas de abnegación que pocos valoramos.

Este año se cumplen diez años de la fundación de Baleares Sin Fronteras Fútbol Club, y los verdaderos protagonistas de esta gesta del tercer ascenso de nuestra corta historia se pueden sentir orgullosos de haberlo logrado. No hablo solo desde el punto de vista deportivo, sino desde la esencia personal. Por la filosofía de este periódico antepongo el factor humano de esos 25 futbolistas a los resultados. Un grupo de muchachos de diferentes nacionalidades que han sabido mantener viva la esencia de los valores de este club. Periodísticamente me gusta proyectar buenas noticias de la gente llegada de afuera, ellos son una muestra de trabajadores deportistas que se integran perfectamente a la cultura que los acoge.

Y como la felicidad no es completa, esperemos que esta tormenta del COVID-19 amaine, cese la crisis y la vida nos mantenga a todos con buena salud. ¡Objetivo cumplido!.



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