“Preguntaba qué medicamentos me iban a dar y me contestaban que no había, que estaban agotados en toda España”


10/09/2020


Por Juan Pablo Blanco A.


Esta inmigrante de origen colombiano reside hace 14 años en Mallorca. Tres semanas atrás su hija menor dio positivo en Covid-19. A partir de ahí su entorno familiar se fue contagiando. A ella y a su hermana les diagnosticaron neumonía y estuvieron ingresadas en Son Llàtzer en estado crítico.
Esta madre de familia de tres hijos relata la amarga experiencia por la que no querría volver a pasar nunca. Además, admite su relajación frente a la pandemia hasta que le tocó enfrentarla en carne propia.

Baleares Sin Fronteras: Llama la atención que usted hace autocrítica por su postura frente a esta enfermedad. Es algo poco común en una época en la que se tiende a señalar culpables en todas partes.

G. J. M:
Lo primero para decir es que nosotros comentábamos en casa que todo esto era una farsa, que era un asunto del Gobierno para meterle miedo a la gente, ya que yo no conocía a nadie infectado de coronavirus aquí, en nuestro entorno cercano ni tampoco en Colombia. Y, por tanto, pasábamos de ello olímpicamente. Tampoco nos desmadrábamos, pero prácticamente no hacíamos caso a las recomendaciones de higiene. Esa es la verdad.

BSF: ¿Cuándo se dan cuenta que la cosa va en serio?

G.J.M:
Una compañera de mi hija del trabajo dio positivo. Por lo tanto, a ella le mandaron también a hacer la prueba; además, es asmática por lo que tiene muchos problemas en los pulmones, finalmente salió positiva. La aislaron en casa, pero automáticamente todos nos contagiamos: mi hijo menor, mi marido, mi hermana y yo.

BSF: ¿Cómo describe el comienzo de la enfermedad?

G.J.M:
Al principio llamamos varias veces, cuando supimos que mi hija dio positivo en coronavirus, pero nunca nos contestaban. Al segundo día sí que respondieron y nos dijeron que nos teníamos que quedar encerrados en casa. Poco a poco fuimos presentando los principales síntomas; mi hermana y yo mucho más fuertes. Nos faltaba el aire, nos daba mucha fiebre, perdimos el gusto y el olfato, además sentíamos calambres en los pies y estábamos muy decaídas.

BSF: Tenemos entendido que tuvieron que pagar el PCR, estando cotizando a la Seguridad Social, ¿por qué se vieron obligadas a desembolsar este dinero?

G.J.M:
Efectivamente, decidimos ir a hacernos la prueba que nos costó 150 euros cada una. Ni la Seguridad Social ni el médico de cabecera nos contestaban, ni nos llamaban, e incluso en el PAC de Son Gotleu, me decían que no me podían atender presencialmente y que tenía que llamar.

BSF: ¿Cuándo llega el momento más crítico?

G.J.M:
Un domingo por la mañana que nos fuimos a hacer la prueba, el mismo día por la tarde ya no podíamos aguantar más y fuimos al médico, a Son Llàtzer. Mi marido me acompañó a las 10 de la noche, y allí me dejaron sentada en una silla sin oxígeno ni agua. Hay que arreglárselas como uno pueda. Al final, el diagnóstico de los médicos era que tenía neumonía y me tenía que quedar ingresada.

BSF: ¿Y luego que siguió?

G.J.M:
Después de unas diez horas, me metieron en una habitación en la que solo entraban tres veces al día. Preguntaba qué medicamentos me iban a dar y me contestaban que no había, que estaban agotados en toda España y que lo único que me podían dar era paracetamol. Cada día me sentía peor.

BSF: ¿Cómo describe el resto de días?

G.J.M:
Me tuvieron que poner oxígeno y dos días después me dieron al final un antibiótico que no toleré y tuvieron que cambiarlo. Con el paso de los días pedía que me dieran algún tipo de suero, estaba deshidratada pero los médicos no pasaban. Hasta que un día vinieron y me dijeron que ya estaba bien y que me podía ir a mi casa, aunque no me terminaba de encontrar con fuerzas para nada, ni para caminar. Finalmente tuve que tirar de remedios naturales para ir combatiendo los síntomas de debilidad y otros que iba sufriendo.

BSF: ¿Esta experiencia desagradable cómo la resumiría?

G.J.M:
Todo lo que yo he vivido con esto ha sido una experiencia que no creo que pueda olvidar. Sentía que si cerraba los ojos no los podría volver a abrir nuevamente. Es duro estar en el hospital, sola, sin la compañía de mi familia, aunque las chicas de la limpieza, las que me traían la comida, hacían que lo pasara algo mejor.
Me parece increíble que el médico de cabecera en el proceso de 17 días solo me llamara una vez.

BSF: ¿Qué mensaje le envía a quienes aún no han pasado por esta compleja situación?

G.J.M:
Le digo a la gente que no termina de creerse esto que no se lo tome como un juego, yo pensaba lo mismo al comienzo. Este virus está entre nosotros y que, si cumplimos las recomendaciones y nos cuidamos, aunque nos contagiemos, quizás podamos tener síntomas más leves y la enfermedad será menos severa. A partir de ahora voy a cuidar más de mí y de las personas que quiero, voy a cambiar para bien y valoraré más lo que tengo en esta vida. Debemos tener fe en Dios y esperar que todo esto se solucione.






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