“En Alemania la pandemia del coronavirus acentúa las diferencias sociales”


15/12/2020

Jose Mateos Mariscal
Wuppertal - Alemania

Durante la crisis sanitaria del 2020 a causa del COVID-19, las personas de las comunidades migrantes y de acogida nos enfrentamos a situaciones más fuertes y graves de las que ya veníamos viviendo antes de iniciar esta crisis. Concretamente, nuestras vulnerabilidades han aumentado.

Historias de emigrantes como la mía, las he escuchado en el metro, en el bus, en clases, en los insólitos trabajos que jamás pensé hacer. Serán relatos cortos sobre esfuerzos, incertidumbres y nostalgias. Algunos parecerán cuentos, pero la realidad supera cualquier ficción.

Sin embargo, otros, leyéndolas se sienten más identificados en esta tierra de lejanías y sueños. Los emigrantes anónimos tenemos mucho por contar.
La pobreza y las condiciones de vida precarias son la mayor carga para la cohesión social. En la crisis provocada por el coronavirus, la sensación de estar en desventaja y la soledad se han agudizado.

Aquí en Alemania, me he inventado una vida. Pero, en España no puedo decir que estoy trabajando en un hotel limpiando baños, de basurero, ni que me gano la vida cobrando diez euros la hora… No, amigo, eso no se puede contar en mi tierra. Mi familia se moriría de la vergüenza, sí, es la realidad. Cuando me ven por Skype lloran porque dicen que estoy delgado. No les puedo contar cómo me gano la vida ahora, les causaría una tristeza enorme. ¿Para eso me fui? ¿Para limpiar baños y ser barrendero?, no, eso no se cuenta.

Diferencias sociales más marcadas

Sin embargo, “el virus hace que las distorsiones sociales existentes sean aún más visibles”, dice el sociólogo Kai Unzicker, de la Fundación Bertelsmann, y agrega que “para los que ya estaban en desventaja antes, la situación en la crisis es aún más difícil”.

Aunque las condiciones de vida en Alemania parecen relativamente homogéneas en la superficie, todavía hay diferencias considerables

“Son épocas muy difíciles”

En todo el mundo, la pandemia ha puesto en riesgo una arteria vital de financiamiento que sustenta a cientos de millones de familias: las remesas que los trabajadores migrantes que laboran en países ricos envían a sus países de origen.

Como el coronavirus paralizó las economías y ha originado desempleo, quienes estaban acostumbrados a cuidar a sus familiares que permanecen en sus países han perdido sus ingresos. Esta situación les ha obligado a depender de quienes antes habían dependido de ellos.

En momentos como es­te es cuando tu familia más lo necesita. Y en mi caso personal es cuando más se sien­te el peso de ser e­migrante. Aparte, no puedes regresar a tu país para compartir y brin­darle apoyo a los tuyos.

Definitivamente, es una experiencia muy dura. La gente se desespera. Muchos trabajadores migrantes nos enfrentamos a dos emergencias al mismo tiempo: la pérdida de nuestros ingresos y la amenaza del virus.

Aventurarse a trabajar en el extranjero está vinculado con el peligro, ya que los trabajadores migrantes estamos expuestos a agentes de reclutamiento deshonestos, a empleadores que nos explotan y a los peligros físicos del trabajo a destajo. También es una manera particularmente eficaz de aspirar a un ascenso social.

“Desde principios de año, los migrantes y sus familias se ven muy afectados, lo que supone un gran problema de integración y de inclusión”, manifiesta la comisaria europea de Asuntos Sociales , Yvla Johansson.

La comisaria incide en el riesgo del abandono escolar de los alumnos, cuyos padres aún no tienen un nivel de idioma o de educación necesarios para ayudarles, ni los medios para pagarles un ordenador o acceso a internet.

“Necesitamos trabajadores cualificados, pero también los menos cualificados están en el centro de la reactivación económica”, apuntó Johansson. “Es una inversión a largo plazo para todos los gobiernos del mundo”.






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