Editorial 384: Movimiento político inmigrante, algo sin precedentes

02/03/2021


Por Juan Pablo Blanco A.

Recuerdo que desde estas mismas líneas hace 17 años, concretamente en el 2003 cuando se fundó este periódico, no me parecía descabellado afirmar que a medida que fueran pasando los años y las diferentes generaciones de inmigrantes se terminaran por asentar en Baleares, seguramente surgirían inquietudes y realidades sociales, entre ellas, tener un rol más participativo en la vida democrática de una sociedad que ya la sienten como suya, no se trata de ser intrépidos u osados.

Simplemente es la condición de la naturaleza humana cuando se emigra a otro país, adonde inexorablemente el correr de los años terminan por confirmar, que aunque siempre haya un espacio en el corazón de gratitud y amor para el país de origen, la esencia coyuntural estará marcada por estar vinculados participativamente en donde nos forjamos un presente y un futuro, y máxime si nuestros hijos han nacido en este privilegiado lugar del Mediterráneo.

No es renunciar a la identidad propia, por el contrario, se trata de apuntalar a lo más alto nuestro aporte como ciudadanos del mundo a la sociedad que nos acoge.

Hablamos de una inmigración en las Islas diferente a la de hace veinte años. Nadie se ha apropiado de nada indebidamente, simplemente es la inercia lógica de los ciclos migratorios cuando se superan las barreras culturales y se habla en clave de ciudadanía por la simple razón de ser uno más de esta sociedad.

Y es que con el trascurrir del tiempo la diferencia entre unos y otros está marcada únicamente en rasgos físicos y acentos, pero la esencia del bienestar común nos dirige en la misma dirección.

Varias generaciones de familias llegadas en la década de los ochenta, noventa y comienzos del dos mil hablan perfectamente el catalán y conocen cada una de las costumbres de esta tierra. Es lógico, no es un logro, es la recopilación de una serie de parámetros en las que estas generaciones de hijos de inmigrantes se han educado. La misma tendencia se presenta en los países receptores de inmigrantes de todas las procedencias.

No es un acto de altanería afirmar que los nativos ven con recelo la incursión de colectivos foráneos en su tierra, especialmente cuando existe una marcada identidad de desconfianza hacia lo de afuera, a tenor de los distintos ciclos históricos de conquistas e invasiones.

Conociendo la forma de asimilar, según qué realidades, cuesta aceptar que personas no nativas tengan la iniciativa de fundar un partido político para intentar tener representatividad institucional.

En esta edición presentamos en exclusiva el nacimiento de un movimiento político formado en su mayoría por gente de afuera y personas originarias de las Islas que creen y apuestan por el proyecto.

Aventurado sería afirmar que va a tener éxito absoluto, o que fracasará en el intento. Conozco a algunas personas de este movimiento vinculadas desde hace varios años al tejido asociativo, incluso, otros han tenido roles fundamentales en asociaciones vecinales y entidades sociales.

En su primera presentación en la edición de este periódico, coinciden en el hartazgo de cómo se maneja el tema migratorio en Baleares. Inciden en la falta de mediadores culturales, de políticas de integración social, en la apatía para crear una dirección o un área de temas de cohesión social, y sobre todo, las dificultades administrativas en los trámites de la oficina de extranjería, a los que se suma la cantidad de personas sin papeles que en tiempos de pandemia ven lejana la posibilidad de regularizarse y son colectivos de extrema vulnerabilidad.

No es un gueto afirman, pues detrás de este movimiento hay abogados asesorándolos y gente vinculada al mundo de la cultura apoyándolos para ultimar los detalles en la conformación definitiva de los estatutos. Sin duda, estamos ante una noticia sin precedentes.
¡Les deseamos buena mar en este pedregoso camino de la política!



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