La organización de los débiles


02/03/2021


Por Miquel Palou-Bosch
(escritor mallorquín)


El 3 de julio del año pasado, en Francia, en la web de Mediapart, 157 intelectuales realizaban un “Manifiesto por una República francesa antirracista y descolonializada”

Otra entidad de comunicación, Marianne, el 26 de julio, realizaba a través de su semanario un llamamiento contra la “racialización de la cuestión social”. Esta vez, eran ochenta las personas que firmaban, acompañadas por unas veinte organizaciones.

En España también existe racismo, xenofobia, aporofobia, y fobia a otras culturas, y fobia a otras religiones, y fobia a las ideas que promueven los sentimientos de repartir y compartir, y fobia a las ideas de igualdad y de fraternidad.

Está claro que no hay racismo si el negro, el indio, el gitano o el hispano son personas adineradas; de hecho, en estos casos, los susodichos reciben infinidad de bufones nativos que se deshacen para agradarles, para conseguir encandilares, para entrar en su círculo de influencias.

Pero, naturalmente, si estos personajes son pobres, son gentes sencillas que vienen buscándose la vida, explorando las posibilidades de un futuro con sus familias, entonces, en este caso, la bufonesca se convierte en desgarrada repulsión, en morbosa aversión, en cruel inquina.

Por tanto, en el fondo, estamos ante una desigualdad social de clase. Si tienes poder, podrás tener el color de piel que quieras. Si tienes poder, incluso no te encontrarás con el rechazo de la homofobia.

Si no tienes este poder, si no puedes comprar acólitos, entonces eres un peligro para los nativos de un país. Por tanto, y visto que esto pasa en España, no sólo en Francia, y también en la Isla mallorquina, no está nada mal hablar de la “convergencia de luchas” (Le Monde Diplomatique, febrero 2021, S.Beaud y G. Noiriel).

Estos autores manifiestan que las minorías deben conseguir un pacto, establecer coaliciones que rompan con la “americanización” (U.S.A.) de la sociedad, con la importación de unas mores retrogradas que rompen con los valores de la Declaración de 1948.

La “convergencia de luchas” representa la unión de todos los débiles, los que no tienen el derecho a la audiencia de la Administración. En consecuencia, al ser rechazados por el sistema, la única forma es organizarse, coaligarse; pero no asociativamente, esto ya existe y se ha ido haciendo lo que se ha podido.

Ahora se trata de agruparse políticamente, de una organización que pueda representar a un 15% de población que viene desde muy lejos para continuar con su vida, este derecho que, para algunos, les habrá dado un dios, el derecho que, para otros, les habrá dado la propia naturaleza, el derecho, tal vez, que le habrá dado su propio destino; pero, al fin y al cabo, el derecho que tiene como ser vivo de procurar para su existencia.

Para ello, necesitan estas personas ser escuchadas en los parlamentos, sean estatales, locales, provinciales o autonómicos. Necesitan que se les oiga. Y nuestra sociedad necesita también de su opinión y de sus ideas, para modificar las normas en pro de la democracia efectiva.
Y muchos nativos, también bajo el peso de una debilidad constante, no se alejan mucho del sentimiento de ser tan parias, tan ninguneados y engañados como lo es esa gente extranjera que viene no a invadir, sino a pedir auxilio.






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